Las Brigadas Verdes han terminado en un extraño limbo. Ha pasado un año de promesas de cambio que finalmente no se han ejecutado, lo que genera inestabilidad en un colectivo que no puede quedar al margen del debate político. Simplemente porque detrás de esa entidad hay muchos padres de familia que necesitan, al menos, claridad en los argumentos.
Desde el Comité de Empresa se ha recordado al Gobierno que están ahí, que existen, y que recibieron varios compromisos que parecen haber quedado arrinconados. O eso es lo que se sospecha, lo que se tema en un colectivo que tenía trazado un camino que no se ha cumplido.
Se ha dado publicidad a cuantiosos acuerdos, declaraciones, manifestaciones y compromisos que, tras un año, no se han ejecutado, llevando a que las Brigadas sigan dependiendo de la FPAV.
“No encontramos justificación”, lamentan, al no haberse hecho nada para cumplir con los compromisos publicitados incluso en los medios de comunicación.
Es legítimo el temor de un comité de empresa por el futuro de unos trabajadores a los que representa, como legítimo que quiera respuestas a esa inquietud suscitada por la parálisis de un procedimiento que ya se tenía que haber desarrollado, al menos para dar estabilidad a todas aquellas personas a las que se les encomiendan tareas que son fundamentales para el desarrollo de servicios clave en Ceuta.
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