Como un vendaval, como un día malo de lluvia, fue aquel que nos regaló una Agrupación Deportiva Ceuta, que sigue enchufada a un lugar tan caliente, tan emblemático como es su estadio Alfonso Murube.
La hora no era esa que nos tienen acostumbrados, de las dos de la tarde, sino a las ocho y media de una noche para estar en casita, con tele y mantita, pero nuestro jugador número 12 estuvo dentro de un marco, ese que da la costumbre, el ius Naturalismo de la vieja justicia y, con menos ímpetu, menos cantes, estuvo ayudando a esa máquina de hacer fútbol, a esos legionarios que primero otorgaron ese ramo de flores por la muerte de ese joven capitán y luego cogió el chapiri, y empezó la banda de música con ese maestro venido a ayudar, Campaña, con la ayuda de un Yunes, que está ahí para ser el ancla, el cinco argentino, y el expreso de una noche, el extremo que cuando coge la pelota se divierte con las diabluras, Kone, y aunque los primeros centros fueron tomahawk tierra-aire, luego empezó a tranquilizarse y hacer una mantequilla con el cuchillo caliente la parte izquierda del ataque caballa.
Cuando todo parecía una coral, vino el guantazo por un despiste defensivo, por falta de contundencia, y nos colaron un gol que parecía un golpe bajo de un boxeador, pero se encajó ese mazazo y, a los pocos minutos, un pillo Marcos y luego un líder de primera, Campaña, pusieron las cosas en su sitio antes de finalizar la primera parte.
En la segunda parecía que las fuerzas se nos iban. Faltaba músculo en el centro del campo y, con las incorporaciones, se volvió a tener un poco solo fuerzas y, sin un líder, Campaña, y un espíritu de lucha, se aguantó todo lo que se pudo hasta el final, cuando nuestro Salvi corrió y, si en la primera no pudo ver la portería, en su segunda ocasión, rozando el fin del partido, puso un pase de maestro de instituto, pisando fondo del área y poniendo en el área una pelota que nuestro número 14 solo tuvo que empujar, después de correr y acompañar a su compañero de viaje.
Un resultado pletórico de las ganas de una afición que desea lo mejor de los suyos y, aunque suframos, sabemos que sudan y dan todo por nosotros.
En este partido el “Cuco” no fue Ziganda, sino nuestro profe de matemáticas, J. J. Romero, que nos sigue dando lecciones de humildad y trabajo de gran mentalista, aunque debe de reaccionar antes cuando vea que a su equipo le falta fuelle.
Solo queda decir que nos descubrimos ante un equipo que sabe estar y que, muy poco a poco, nos está robando el corazón.
¡Viva mi Agrupación!
¡Viva mi Ceuta!
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