En estas estábamos, cuando llega el general Salvador Fontenla, con su conferencia del pasado día 2 en la UNED, y nos chafa el titular. El citado general deslizó en su conferencia que las grandes amenazas para Europa son “la inmigración descontrolada y masiva y el integrismo islámico”. Vaya, vaya, vaya.
Resulta que todo este tiempo atrás hemos estado haciendo verdaderos esfuerzos –ímprobos esfuerzos, diría yo– para meter en las huecas cabezas de los descreídos, de los refractarios, de los que anuncian catástrofes, de los ‘asustaviejas’, de los ‘odiadores’ de extranjeros, de los xenófobos, de los fascistas y demás chusma, que la inmigración ilegal es una bendición del cielo. Y ahora viene el general Fontenla y nos jode los argumentos con que veníamos defendiendo la inmigración descontrolada y masiva. Ahora que el personal estaba de acuerdo en que los ilegales en lo alto de la valla de Melilla ya estaban en España, y que venían a pedir asilo, viene el general Fontenla y nos dice que cuidadito, cuidadito, con la inmigración descontrolada y masiva, que es un peligro de no te menees para Europa. Años de esfuerzos y dedicación para convencer al ciudadano de que la inmigración ilegal no suponía ningún peligro para los países europeos receptores, y todo para nada. Nuestro gozo en un pozo. ¿Con qué argumentos van a seguir las ONG metiéndonos la mano en el bolsillo para gastarlo en los inmigrantes ilegales? ¿Tendrán que apuntarse esos integrantes de las ONG en las listas del paro? ¡Qué horror! ¿Cambiará de postura la prensa silente y vendida al sistema? ¿Qué harán esos tontos útiles, lamebabuchas y huelebraguetas que amenazan con el 510 del CP? ¿Se lo aplicarán al general Fontenla? ¿Y la casta política, comunistas, socialistas y sindicalistas? ¿Y los obispos, excomulgarán al general? Toda una duda metafísica. Pero lo peor quizá sea que le tengamos que dar la razón a toda esa chusma que se opone a la inmigración ilegal: ‘asustaviejas’, catastrofistas, ‘odiadores’ de extranjeros, descreídos, xenófobos, fascistas y demás laya. El general Fontenla, cuando menos, nos ha hecho tambalear todo el edificio que habíamos montado en torno de la inmigración descontrolada y masiva y de sus supuestos derechos para asaltar fronteras armados de palos, navajas, botellas y piedras. ¿Con qué argumentos vamos a convencer ahora al ciudadano para que siga apoyando la inmigración ilegal y no recele de ella? ¿Cómo vamos a seguir siendo creíbles cuando les digamos a los ciudadanos que debemos aceptar sin rechistar a los inmigrantes que nos asaltan las fronteras por nuestro bien? ¿Y si esos ciudadanos nos recuerdan lo que dijo el general Fontela en su conferencia? ¿Qué vamos a hacer ahora? Esta sí que es una duda metafísica, y no aquella de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pues, en mi descreída opinión, tenemos dos vías: darle la razón al general y donde dije digo, digo Diego, y blindar España por tierra, mar y aire; o, bien, podemos decir que el general Fontela es un advenedizo de mucho cuidado, un arribista, que no sabe de la misa la media, y lo incluimos en el grupo de los catastrofistas, de los ‘asustaviejas’, de los odiadores’ de extranjeros, de los xenófobos, o de los fascistas y demás lacra ciudadana.
Pero ahí no acaba la recomendación del general Fontenla sobre la inmigración descontrolada y masiva, sino que al ser preguntado por el papel que juega el Ejército en las entradas masivas responde sin vacilar y con contundencia: “La seguridad es un asunto integral para las Fuerzas Armadas. El Ejército interviene en última instancia y con el respaldo de todas las instituciones”. Como militar, en este asunto, el general es un tanto críptico. ¿Quiere decir más de lo que dice, o sólo dice lo que dice? No seré yo quien desencripte lo dicho por el general. Pero tengo, como es natural, mi opinión al respecto.
Lo cierto es que respecto de la inmigración masiva y descontrolada nos hemos pasado de frenada, no sólo en España, sino también en Europa. También es cierto que, en este caso, la tolerancia que predicábamos respecto de la inmigración masiva y descontrolada ha dejado de ser virtud y, por consiguiente, podemos decir que nos hemos arruinado por la virtud; bien es cierto, también, que otros muchos prosperan por el vicio. El mundo al revés. En este caso, la tolerancia ha dejado de ser una virtud y se ha convertido, pese a quien pese, en un vicio. Nos negábamos a verlo. Nadie quería ser el primero en decir que el rey va desnudo. Pues sí, va desnudo. Pero, claro, nadie quería ser señalado con el dedo y calificado de xenófobo, ‘asustaviejas’, etcétera, pues eso, para qué los vamos a repetir. Pero verdad es que periodistas, curas, obispos, ONG, políticos de todo color, sindicalistas, comunistas, socialistas, incluso la Defensora del Pueblo Español han defendido ardua y miserablemente la peligrosa “inmigración descontrolada y masiva”. Pero no vaya a creer el amable lector que el general Fontenla ha sido el primero en avisarnos de que la inmigración descontrolada y masiva es un peligro. Ni mucho menos. Lo que sucede es que hemos hecho oídos sordos porque no nos convenía a nuestros propósitos dejar de engañar al ciudadano, para que tragara con la inmigración masiva y descontrolada, o porque si deshacíamos el entuerto de la desnudez del rey, quien lo deshiciera sería defenestrado y enviado al exterior de la sociedad (donde hace mucho frío), a la marginación, al mundo de los apestados. Pero, claro, nos hemos negado sistemáticamente a aceptar la realidad y ésta se ha vengado. Siempre ocurre. Tal vez, como dejó dicho Octavio Paz, “el secreto de caer antipático es tener razón antes de tiempo”. Pues eso.
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