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Ni un euro más para la valla de Ceuta: el ‘desastre’ del plan Marlaska

El proyecto de Marlaska para blindar el perímetro se queda a medias, sin previsión de gasto para inversiones en este 2022 y con tramos en los que se ha comprobado que resulta inviable la colocación de tubos para elevar la altura hasta los 10 metros

Ni un euro más para el perímetro de Ceuta. Al menos para este ejercicio 2022. El proyecto de Marlaska para garantizar la impermeabilización del vallado que separa Ceuta de Marruecos ha quedado en evidencia dejando tramos en donde se carece de elementos de contención, en donde no hay concertinas ni peines invertidos ni tubos.

Y así, la línea de más de 8 kilómetros que ha ido adaptándose al terreno presenta imágenes cuanto menos llamativas, en donde se combinan las tres modalidades posibles de control o, mejor dicho, de no control: vallado sin nada frente a otro con peines y, al lado, tubos que elevan la altura hasta casi los 10 metros. El peso de estas piezas llevó a que se descartara su ubicación en partes de la línea que no pueden soportarlo al existir riesgo de desplome, como así de hecho sucedió en el transcurso de las obras desarrolladas a la altura de Finca Berrocal. Sí que, en cambio, se iba a coronar toda la zona con peines, pero se ha hecho solo en la mitad.

Fuentes oficiales consultadas por este periódico aseguran que, de momento y al menos este año, no hay dinero consignado para continuar con la obra de impermeabilización, previéndose únicamente la ubicación de unas puertas interiores en el doble vallado. Nada más. Así, la inversión al completo anunciada desde la cartera manejada por el ministro Fernando Grande-Marlaska no solo se queda a medio camino sino que la obra de retirada de las concertinas ha causado daños en los sensores aminorando la efectividad en la detección de los saltos, lo que se traduce en una reacción mucho más lenta.

Solo desde 2004 el Estado ha gastado casi 100 millones en seguridad en la valla

En diciembre de 2019 se encargó a Tragsa la retirada de los alambres que en su día colocó un gobierno socialista y que provocaron lesiones e incluso muertes en algunos inmigrantes. Una labor que derivó en la aparición de daños en los sensores que fueron denunciados por la Asociación Española de la Guardia Civil (AEGC), debido al nefasto mantenimiento del complejo sistema de alertas a pesar de que, desde 2004, el Estado ha gastado casi 100 millones en actuaciones de seguridad. Ahora la Dirección General de la Guardia Civil ha anunciado la compra de unos drones como recurso para garantizar la seguridad en la zona, a pesar de ser algo que ya rechazó en su día porque su efectividad quedaría invalidada ante los azotes del viento, con especial dureza en este punto.

Cuantificar el dinero invertido en el pozo sin fondo que suponen las vallas de Ceuta y Melilla es imposible, ya no solo hay que registrar las inversiones sino los ‘remiendos’ posteriores derivados de daños provocados tras incursiones masivas de personas o por el propio deterioro del sistema. A pesar de todo ello se sigue echando dinero hasta convertirlas en un auténtico negocio, con contratos millonarios.

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