La presión a pie de frontera es cada vez mayor. Solo esta pasada madrugada alrededor de 40 personas intentaron cruzar a nado a Ceuta a través del espigón del Tarajal. No lo hicieron en bloque, sino en amagos constantes de echarse al mar, nadar, permanecer en el agua y buscar la entrada a la ciudad. Y así toda la noche, toda la madrugada, en una de las jornadas en que mayor insistencia ha habido.
Son pases marcados por el riesgo, ya que en muchas ocasiones estos jóvenes se arrojan al mar con lo puesto y sin saber nadar perfectamente.
La Guardia Civil, a través de las cámaras térmicas, no puede más que detectar los intentos de incursión y avisar. El mango de la sartén lo tiene Marruecos que, a pie de playa, es el que actúa o no lo hace como debiera, según los casos. Lo más grave es que se juega con el bienestar de todos ellos.
La presión cada vez es mayor, lo reconoce la propia Guardia Civil, testigo directo de lo que sucede en unas infraestructuras que, además, han estado siempre abandonadas, sin ejercerse sobre las mismas las obras de impermeabilización comprometidas. Esto lleva a unos extremos incontrolables, a una mayor presión sobre las fuerzas de seguridad pero también a un exceso de peligrosidad sobre las mismas personas que protagonizan los intentos de entrada.
El mar es traicionero y eso lo demuestra la cantidad de personas que han fallecido pretendiendo dejar al otro lado un país sin alternativas. La única respuesta de Marruecos ha venido de la mano de la colocación de concertinas por el arenal y la ubicación de nuevas vallas. El mismo proyecto en Tarajal que ha extrapolado a Benzú, pero que es sorteado por los jóvenes que lo que hacen es arrojarse al mar y no llegar a la carrera.
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