No hay actuación más dramática que aquella en la que hay niños de por medio. Por eso intervenir ante la presión en toda regla ejercida por el colectivo de sirios resulta complicado. Durante estos días de presión todas las partes implicadas en la protección de los menores han actuado. Fiscalía ha citado en al menos tres ocasiones a los progenitores para advertirles de que los menores no podían permanecer por más tiempo en una plaza pública en esas condiciones. Se han desplazado hasta el asentamiento los máximos responsables tanto del órgano judicial como de la propia Área de Menores, intentando que los sirios entraran en razón. Diez días con sus diez noches se ha explotado cualquier canal diplomático que pueda imaginarse, sin que los inmigrantes dieran su brazo a torcer, exponiendo a los niños a una situación extrema, con la aparición de los primeros casos de fiebre y la visualización de unas imágenes malqueridas por todos.
Así se ha llegado a una situación en la que no cabía otra que la intervención para que los menores no estuvieran por más tiempo durmiendo en el suelo, tapados con mantas, expuestos a la lluvia y a las bajas temperaturas, a las enfermedades y a cualquier daño irreversible. Si los adultos quieren seguir con su protesta, que lo hagan. Ellos son dueños de sus actos para optar por una vía que nada bueno va a obtener de la Administración. Otra cosa bien distinta es que expongan a sus hijos a unas condiciones deplorables, faltando a su deber como padres y a las exigencias que marca la ley.
Por todo ello, tras ser incluso excesivamente pacientes, la Ciudad tuvo que intervenir ayer por medio de los trabajadores sociales para llevarse a los menores de un lugar en el que no podían seguir un minuto más. Se contó, porque era necesario, con la intervención y protección de la Policía Nacional, que garantizó, con una intervención limpia y sin fallo alguno, que todos los menores pudieran marchar a los centros en donde hoy habrán dormido y comido adecuadamente, y que los adultos fueran contenidos para no provocar más alteraciones de las que por sí se produjeron. Hubo que practicar dos detenciones de padres que expusieron a sus hijos a unas situaciones lamentables.
Hay quien ayer justificaba la actitud de los dos detenidos por los nervios vividos, por su querencia a que nos les arrebataran los niños. Pero también es cierto que un progenitor que quiera a sus menores nunca les hubiera expuesto a las situaciones vividas de las que han sido testigos todos los ciudadanos. Ni se pueden echar pulsos a la Administración, ni usar a los menores para fines ajenos, ni, tampoco, pretender que con presiones se van a conseguir las metas.
La Plaza de los Reyes fue escenario de situaciones dramáticas, de escenas duras y necesarias, pero sobre todo de una intervención adecuadamente coordinada que deberá repetirse cuantas veces sea necesario y cuantas veces se utilice a un menor.
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