No quedan tan atrás aquellos tiempos en los que sus mandamases de la nipona Sony se jactaban de la fiabilidad del sistema de seguridad de su producto más reputado mundialmente, llegando a asegurar incluso que era inquebrantable. Si bien es cierto que con bastante retraso, el que otrora destruyera los muros del iPhone (consiguiendo defender posteriormente su legalidad ante la justicia norteamericana), quebró también el sistema de entretenimiento de Sony, dejando el camino libre para que la piratería arribara a través de aplicaciones caseras; y así ha sido. Hace escasas semanas se empezaban a ejecutar sin la necesidad de ningún tipo de herramientas especializadas tanto copias de seguridad como descargas ilegales con una facilidad impactante, al tiempo que Sony interponía una estúpida denuncia contra los “hackers”, que fue desestimada, hace unos días, por las cortes californianas.
A simple vista, el panorama no parece demasiado bueno para Sony, pero si se analiza en profundidad el desastre aparente puede reportarle grandes beneficios, hasta el punto de que sería difícil afirmar que aquella pudiera sufrir perjuicio real alguno a raíz de lo ocurrido. A nadie se le escapa que el éxito de un producto digital en el mercado es su capacidad para ser utilizado con contenido no pagado por quien se dispone a hacer uso de él. Cuantas más facilidades se dan, más se extiende su fama, siempre que cuente previamente con una base de usuarios holgada y un crecimiento, al menos aceptable, de la misma. En otras palabras: la evolución de las aplicaciones dedicadas a este fin y su adaptación a un público menos experimentado, irá en consonancia con la más que buena evolución de las ventas del hardware de Sony.
Este último detalle junto a la pasividad de la compañía hacen pensar, o como poco me lo hacen pensar a mí, en lo poco que le incomoda la situación, pues en cualquier caso no solamente no va a perder sino que cabe la más que probable posibilidad de que pueda salir ganando. Sin piratería avanzaría en software y con ella en hardware, de ninguna manera sus intereses se verían afectados gravemente.
Tal vez sí su reputación, pero esto es secundario, y más tratándose de un gigante (aunque cada vez más pequeño) como lo es la casa japonesa.
Las que sí pierden, como acostumbran, son las desarrolladoras independientes que no tienen posibilidad de sufragar su mantenimiento y crecimiento con hardware, porque únicamente se dedican a la creación de software. Pero realmente, ¿qué le puede molestar esto a Sony cuando no supone sino darle más amplitud en sus productos? Cuantas menos compañías independientes, más campo que ocupar para sus estudios desarrolladores internos, los que rivalizan con aquellas. Bien quisieran muchas empresas estar en la situación actual de Sony.
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