El final de Abdoulaye Kone conmocionó a sus compañeros del Jaral, que acudieron a la Jefatura de la Policía Nacional para pedir más datos y protestar por su situación. El fallecido tenía el documento del solicitante de asilo.
Todos portaban ayer un lazo rojo como cinta del pelo, brazalete o a modo de cinturón. Una señal en memoria de Abdoulaye Kone, natural de Costa de Marfil, quien perdió la vida este lunes aplastado por los ejes del camión en el que se viajaba oculto para alcanzar el sueño europeo. El atropello tuvo lugar en un puesto de peaje de la AP-7 en Manilva, Málaga, según informaron los diarios de la Costa del Sol.
Sus compañeros del CETI, al conocer la tragedia en la mañana de ayer, se movilizaron hasta la Jefatura Superior de la Policía Nacional donde solicitaron más datos sobre la defunción de Kone y el paradero de sus restos mortales, además de protestar por la situación de ‘limbo jurídico’ en la que denuncian encontrarse. Estas 60 personas se apostaron frente a la Comisaría y exhibieron improvisadas pancartas en las que pedían libertad.
Ante el clima de tensión, el Cuerpo Superior de Policía acordonó sus instalaciones del Paseo de Colón y destacó a un elevado número de agentes para garantizar la seguridad en la calle. Los inmigrantes se mostraron exaltados en los primeros momentos, aunque el enojo comenzó a mitigar a medida que pasaban las horas hasta, finalmente, desalojar esta avenida.
La Policía Nacional nombró a un portavoz entre los residentes del Jaral, quien ejerció de enlace entre las autoridades y el grupo concentrado en el exterior. Algunos integrantes del grupo se negaron a comentar las razones de su presencia masiva en el centro de la ciudad. En concreto, dos de los subsaharianos amenazaron a otros componentes del grupo que deseaba exponer su postura sobre el trágico desenlace de Kone.
En el CETI, los compañeros del fallecido relataron cómo este ciudadano de Costa de Marfil alcanzó Ceuta en septiembre de 2009. “Su mejor amigo consiguió llegar a Algeciras con el mismo método. Desde entonces, sólo pensaba en intentarlo”, señaló Heirity Johnson, natural de Somalia y con una estancia en el centro de dos años y ocho meses. “Pasar tanto tiempo encerrado aquí”, dice mientras señala al Jaral, “te trastorna”.
Más conocido como Prosper, sus compañeros guardaron ayer ayuno para expresar su indignación por la dilatada estancia de muchos de los residentes del CETI y por la existencia de un elevado número de personas que, pese a tener la documentación que otorga libertad de movimiento por España durante seis meses, tiene vetada la adquisición de un billete en ferry a la península.
Con 19 años, este subsahariano era titular de uno de estos documentos del solicitante de asilo, la conocida popularmente como ‘tarjeta amarilla’ y la cual faculta a su propietario, tal y como confirmara el Defensor del Pueblo, a circular libremente por el territorio nacional durante un semestre hasta la resolución de su expediente.
Una muerte anunciada, ya que las fuerzas y cuerpos de seguridad no son ajenos al creciente número de inmigrantes que merodean las instalaciones portuarias en busca del escondite adecuado para cruzar el Estrecho en dirección a Algeciras. Especialmente tras la entrada en vigor de la modificación de la ley de asilo por la que cuentan con la tarjeta amarilla pero tienen prohibido desplazarse a la península.
Detenidas cuatro nigerianas con orden de expulsión
Al golpe moral asestado con el fallecimiento de Abdoulaye Kone en Málaga, se une el inicio de expulsión para cuatro nigerianas denunciado de forma pública por los residentes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, CETI. Tras un periodo en el que la Policía Nacional notificaba las deportaciones y citaba a los afectados en la Jefatura Superior, ha seguido la intervención del lunes por la tarde. Según los testigos, los agentes se introdujeron en las instalaciones y localizaron a las subsaharianas para ser trasladadas a la Comisaría, de donde pasaron a disposición judicial antes de ingresar en un Centro de Internamiento de Extranjeros, CIE, en la península. Por otro lado, el elevado número de personas con tarjeta amarilla cuya fecha de vigencia expirará pronto, ha comenzado a jugarse la vida en los bajos de los camiones, como ya informara este periódico en numerosas ocasiones. Piensan que con este documento y una vez en la península, podrán materializar la vida que buscaban cuando llegaron a Ceuta.
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