Nur Mohamed, somalí residente en el CETI, inició el lunes el curso de pre acceso universitario para inmigrantes
Prácticamente en guerra civil desde la década de los años 80, Somalia es hoy una tierra yerma. Escasean el alimento y el agua y las plagas castigan a la población con una merma abusiva. Sumidos en una continua espiral de caos, Somalia se ha quedado sin escuelas, sin futuro. “Y yo lo que quiero es aprender”, declaró Nur Mohamed, un somalí de 26 años residente en el CETI que abandonó Mogadiscio rumbo al norte ‘prometido’. “Pocos días antes de salir, recuerdo perfectamente haber soñado con mi llegada a Europa”, rememora de los días previos a abandonar a sus 12 hermanos.
Nur adora las lenguas. Al conocimiento del somalí, del inglés y aun del español, se le añaden ciertas astucias y rudimentos del francés y del árabe. Pero en realidad lo que me seduce es la comunicación. “Podemos aprender de todo y de todos, por eso tengo interés en aprender lenguas extranjeras”. Ese es su plan. El acceso al curso de pre acceso para la universidad, impartido en la UNED, es solo el principio. “Lo que me interesa de verdad es el periodismo, comunicar, dar los mensajes, pero sin hacer sangre”, declaró.
Los mensajes que hacen sangre, viene a decir Nur, son aquellos que ha estado oyendo en la radio a lo largo de su vida, los usados por el poder en pro de la confrontación entre las diversas facciones de su país. La verdad, dicen, es la primera víctima de una guerra. Prevalece la propaganda. “Algún día volveré a Somalia para trabajar en una radio. Ese es mi deseo: dar mensajes buenos a la población”.
“Siete meses y seis después” de su llegada a Ceuta, porque cada mañana recuenta sus jornadas de estancia en el CETI, Nur parece seguir teniendo un motor en su organismo, la misma dinamo que lo trajo hasta el norte. Su sonrisa es el cuentaquilómetros que ‘pica’ a los máximos al detallar las razones de su entusiasmo. “A veces siento cómo si mis compañeros del CETI perdieran el tiempo. Yo no puedo. No soy capaz de perder el tiempo. Ni la esperanza. Sin esperanza no hay futuro”, explica Nur antes de confesar su afición a la música rap. “Es otra forma de dar mensajes”, relata este mensajero en ciernes.
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