Sonrisas, abrazos, lágrimas de emoción y muchas palabras de ánimos. Eran las imágenes que se vivieron ayer por la mañana en el embarque hacia la Península. Y no era para menos, un grupo de 65 subsharianos, procedentes de Guinea Conakry, Camerun y una persona de Marruecos partían hacia su nueva vida, a distintos puntos del territorio nacional.
Amigos y representantes de las entidades y ONGs que los han ayudado durante su estancia en nuestra ciudad, pasaban con ellos sus últimos instantes en Ceuta antes de su partida. Consejos, frases de apoyo y, seguramente, recuerdos de momentos vividos han caracterizado la media hora previa al embarque en el buque que los trasladaría hasta Algeciras y, de ahí, a los centros de acogida de diferentes localidades.
Pasqual lleva cuatro meses y medio en Ceuta. Procede de Guinea Conakry desde donde salió dadas las dificultades que se vive en su país. “La situación política y económica es muy complicada. Hay muchas etnias e incluso dentro de las familias hay problemas. Mi padre tiene cuatro mujeres y yo soy el único hijo de mi madre y quiero salir adelante”. Ahora su destino es Sevilla. “Estoy muy contento y nunca olvidaré lo que España ha hecho por mí”. Su nueva etapa la afronta con gran ilusión “y con ganas de trabajar”. Aunque no tiene familia en la Península, considera como sus propios familiares a la congregación religiosa que le ha atendido desde su llegada. “Para mi son como mi familia. Me han acogido y estoy muy contento, gracias a ellas puedo continuar”, comenta el joven emocionado.
Mamadou también es de Guinea Conakry. Llegó a Ceuta hace cinco meses y hoy su sueño de empezar una nueva vida daba inicio en la Estación Marítima, camino a Jaén. “Quiero tener papeles para buscar trabajo cuanto antes”. Su historia es similar a la de otros muchos, la situación en su país de origen. “Allí no hay nada y tengo que encontrar mi destino y volver a mi país para ver a mi familia otra vez. Eso sería una suerte para mí”.
Kati es marroquí y se mostraba visiblemente emocionada por su partida. De su boca sólo salían agradecimientos a todos aquellos que le han ayudado a viajar hasta Sevilla. “Allí espero encontrar trabajo y una nueva familia, aunque ya la he encontrado aquí en Ceuta, donde me han dado mucho cariño y amor. Soy marroquí, pero mi corazón es de Ceuta”.
El destino de Dufour es Madrid. Después de seis meses en Ceuta, este camerunés ha obtenido su recompensa y ayer viajaba con otros compañeros para buscar una vida mejor. “Estoy muy feliz de estar en territorio español porque la gente es muy cariñosa y tiene mucho respeto. Me fui de mi país porque la situación es muy difícil, no hay trabajo, no se puede hacer nada y mi objetivo es cambiar a otra vida”.
El momento de la partida ha sido especialmente emotivo para todos, para los que se iban y para los que se quedaban, que los despedían con gritos de ánimo. Media hora antes, la despedida quedaba inmortalizada en innumerables fotografías de grupos o selfies de dos o tres personas que dejarán en la memoria a esos amigos que partieron después de una larga lucha por lograr un destino mejor.
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