Sidi Embarek acogió este jueves el entierro del menor cuyo cuerpo fue encontrado en el mar por el pesquero La Paloma a finales del pasado junio. Era un chico de unos 15 años que ha encontrado su destino final en Ceuta y ha tenido que ser enterrado sin lograrse su identificación. Las gestiones realizadas han caído en saco roto. Nadie ha reconocido las pertenencias que llevaba, ni siquiera la pulsera con el nombre de Alá que le acompañó en esta su última travesía. Bajo tierra se encuentra la vida de un joven que se suma a los otros tantos que han encontrado aquí un destino nunca esperado.
Lo triste de este tipo de historias es el pesar de las familias que nunca sabrán del destino de sus seres queridos. Algo que afecta incluso más cuando se trata de solo un niño. Un crío de 15 años, de la edad que pueden tener nuestros hijos.
Es penoso que nunca se haya hecho nada por llenar un vacío existente ante la falta de recursos y medios para dar con las familias de estas personas. Las gestiones se dejan en manos de oenegés o particulares que intentan juntar esos dos escenarios que tuvieron una cruel separación para, al menos, informar a las familias en origen de lo que pasó. Es una forma de calmar esa angustia derivada de la falta de noticias pero los recursos de los que disponen son justos y muchas veces no se llega a los límites que sí puede una administración, que tiene relación directa con muchas áreas.
La historia reciente nos ha dejado una hilera de casos dramáticos, de muertes cruzando espigones, de vidas perdidas en el mar. Y esto ha sucedido en Ceuta, en donde desgraciadamente seguirá pasando una secuencia trágica derivada de su mera ubicación en plena Frontera Sur.
Con una mínima sensibilidad se pueden hacer muchas cosas, se puede ayudar a que no queden eslabones rotos en una cadena migratoria que arroja estas tragedias y rompe familias. El deber de una sociedad avanzada es ayudar en lo que pueda a suplir vacíos. Y en este caso el esfuerzo no es mucho para el resultado final que puede alcanzarse.
Ayer fue enterrado quien era solo un crío. No está identificado. Es difícil no pensar en esa madre que seguirá esperando noticias de quien ya nunca más podrá darlas.
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