Este jueves una mujer quiso quitarse la vida en plena Navidad. Para que una madre llegue a ese extremo tiene que ser mucho lo que carga ya a sus espaldas. Ella, de la que no sabemos nombre pero sí partes de su historia vital, es una de esas personas afectadas por los impagos de la empresa Hércules. Hemos hablado tanto de ellos, de sus concentraciones, de sus quejas... que los hemos terminado por cosificar olvidando en parte sus dramas.
Que un trabajador cumpla con su cometido pero no cobre cuando la empresa que lo contrata resulta una y otra vez adjudicataria de contratos públicos supone todo un fracaso. La administración debería estar preparada para reaccionar, pero como siempre se ha ceñido a apagar los fuegos de mala manera hasta casi quemarse. Así lo ha hecho colocándose sus propias excusas a modo de justificación: “es que no podemos”, “es que no es legal”, “es que nosotros pagamos”, “es que se han comprometido a cumplir”... “es que, es que”... Así hasta que las excusas les han estallado en toda la cara cuando una de las afectadas decidió encerrarse en el conservatorio, rociarse y amenazar con quitarse la vida.
Entonces empieza el miedo, el canguelo colectivo y la Ciudad nos sorprende diciendo: “vamos a estudiar la vía legal para romper los contratos”. Anda, ahora, fíjense cuándo empiezan a tomarse en serio lo que está pasando.
¿Y la Delegación? Callada, bastante tiene con pasearse anunciando mecanismos para frenar la mini-OPE cuando ya les mordió, como siempre.
Es una barbaridad que llevemos meses y meses escribiendo sobre lo mismo; meses y meses viendo cómo trabajadores protestan porque no les pagan, viendo cómo esos afectados cuentan que ya no pueden siquiera pagar las deudas y nadie hace nada.
Es de tal gravedad todo lo que está sucediendo que desde ya se deberían tomar medidas inmediatas, pero no solo con este caso sino con tantos otros que han pasado y que, me temo, pasarán.
Las administraciones manejan un dinero público y son responsables de contrataciones cuyo cumplimiento debe estar garantizado. No sirve la cantinela del no podemos hacer nada. Lo que no se puede es permitir que todo siga igual mientras trabajadores no pueden siquiera hacer frente a un consumo mínimo y encima son penalizados a base de deudas de las que no son responsables.
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