A veces, en nuestros juicios, somos ligeros. Cada día hay menos tiempo para pensar con sosiego pues son muchas las cuestiones que nos afectan de forma directa y a las que debemos dar respuesta adecuada y, de otra parte, son muchas, también, las cuestiones generales que de alguna forma llaman nuestra atención. Hay días en los que hemos sido "atracados" permanentemente por cuestiones muy diversas y si nos piden una opinión puede que ésta no sea todo lo acertada que debiera ser, sino algo para salir del paso y nos equivocamos.
No es raro que, en alguna ocasión, ese agobio mental pueda ser ignorado por quien trata de enjuiciar lo que pudo haber dicho esa persona y la tacha de vanidosa cuando realmente no lo es, aunque sus palabras, en algún momento, hayan podido llevar esa etiqueta Es cierto que el ser humano tiende a valorarse mejor de lo que en realidad es; son cosas pequeñas y corrientes de cada día tanto en la actuación profesional como en las tertulias o conversación ocasional con un amigo o conocido, pero eso no llega a la categoría de vanidad; esto es más serio. No.
La vanidad es agresiva y trata de elevar las características de un ser humano - o de una agrupación -muy por encima del resto de la sociedad. La función del vanidoso es permanente y se manifiesta tanto en sus palabras como en sus gestos y actitudes. Ese mirar por encima del hombro a los demás es, en bastantes ocasiones, un sistema de defensa personal, de rehuir el encuentro para evitar cualquier fallo a la hora de expresar nuestros pensamientos; al bajar al terreno de la realidad. El vanidoso vive otra vida, distinta a la de la mayoría.
Ahora vivimos en España un tiempo propicio a los gestos vanidosos y, por supuesto, a que ciertas personas traten de encumbrarse aprovechando las oportunidades que brindan las numerosas sesiones informativas que se dedican a las elecciones más o menos próximas. Lo que ocurre es que esos pronunciamientos de calidad - de unos y de otros - no son todo lo auténticos que debieran ser, por lo que los gestos vanidosos no pasan de ser una caricatura. Son profesionales de las alabanzas personales inmerecidas; su verdadero valor está por ver.
Nos queda todavía tiempo para que cada persona. de las que intervienen directamente en las elecciones. acredite su valía y cada día van a tener ocasión de ello. No es una carrera fácil, especialmente para los que tienen en sus manos la responsabilidad de gobearnar y entiendo que no todo puede ser vanidad. Nos hacen falta hechos concretos que puedan poner de manifiesto el grado de su calidad y, en todo caso, se apreciará la realidad de lo que se manifieste. Se podrán seniir, en todo caso. satisfechos pero no vanidosos; esto último es muy feo.
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