En muchas ocasiones la voluntad política choca de frente con las opiniones de los técnicos y sería suicida el servidor público que, de alguna manera, quisiera enfrentarse a las decisiones de quienes sustentan las diferentes administraciones, ya sean locales, provinciales, autonómicas o estatales. El consejero de Fomento, Néstor García, reconoce que no ha podido cumplir con su promesa de llevar a sesión plenaria el Plan General de Ordenación Urbana para ser aprobada de manera definitiva y, luego, enviarlo al Ministerio de Fomento para que este departamento ofrezca la luz verde definitiva. Son los técnicos, según ha confesado, quienes les han pedido más tiempo para poder digitaliza la cartografía y luego, que por parte de Fomento se terminen unos apartados que permiten contar con el informe supramunicipal en relación con las carreteras nacionales. Son detalles que obligan a retrasar la aprobación del Plan General, pero el razonamiento que ha ofrecido el consejero es lógico, porque ya, después de tanto retraso, unos meses después tampoco hará que se caigan las campanas de la Catedral. Hacer lo contrario de lo que le piden los técnicos, en un documento de la importancia del Plan General y que contiene tantos aspectos que se alejan de la política, sería un verdadero suicidio y no creo que sea el objetivo.
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