Te llevaste un trocito de mi alma contigo

Mi querido Prim:

No sé cómo empezar a escribirte algo que haga justicia a lo que fuiste para mí. Todavía no entiendo cómo pasó todo tan rápido. Te dejé por un momento para que te dieran un baño, y cuando volví, ya no eras el mismo. Me dijeron que no te movías, que estabas decaído y algo dentro de mí se rompió en ese instante.

Tuve que traerte a casa como pude, porque tú, grandullón de 40 kilos, ya no tenías fuerzas. Llamé a tu papi para que nos ayudara, porque algo me decía que no podía esperar.

Me preguntaron si habías vomitado, si habías dejado de comer, y no, mi amor, tú estabas bien. Tan feliz como siempre, incluso camino al baño ibas contento, moviendo la cola como ese eterno cachorro que siempre fuiste.

Pero tu cuerpo tenía otros planes. Me dijeron que tenías una hemorragia interna, que probablemente era un hemangiosarcoma, un cáncer silencioso y agresivo. Ya no se podía hacer nada, tuve que tomar la decisión más dolorosa de mi vida: dejarte ir.

No quería que sufrieras. No podía dejar que te apagases solo, con dolor y miedo. Pero aún así, siento que te fallé. Me pesa no haberte podido llevar a casa, no haberte podido acompañar más allá, no saber qué fue de ti después.

Llegaste a mi vida cuando más te necesitaba. Tenías apenas dos meses, eras un regalo inesperado del destino. Desde el primer día, te acurrucabas conmigo, me protegías sin pedir nada a cambio. Dormías conmigo, viajabas conmigo. Cuando llorabas de noche, te acunaba como a un bebé, y tú te dormías boca arriba en mis brazos, confiando plenamente en mí. Nunca conocí un alma más pura.

Y por eso duele tanto. Porque tú no eras solo un perro. Eras mi compañero, mi consuelo, mi familia. No sé dónde estás ahora, pero quiero creer que estás en paz, corriendo libre, feliz, sin dolor.

Gracias por estos diez años de amor incondicional. Gracias por cuidarme sin saber que lo hacías. Gracias por ser mi hogar en los días oscuros. Te llevaré conmigo siempre.

Te quiero con todo mi corazón.

A quien corresponda:

Pasan los días y seguimos igual. Siguen sin hacer nada. Siguen ignorándolos. Siguen sin importarles nada. Y para nuestras mascotas el tiempo sigue corriendo en su contra. Cada día cuenta, cada hora cuando, cada minuto cuenta y cada segundo cuenta.

Ellos no pueden esperar más, siguen falleciendo y siguen siendo metidos en bolsas y arrojados a un contenedor de desechos como basura.

Prim, como así se llama nuestro protagonista, se suma a la larga lista de las mascotas que no pudieron tener una despedida digna.

Que la muerte de Prim y la de otros tantos como él, recaiga sobre vuestras conciencias.

Movimiento Ciudadano para la Dignidad Animal en Ceuta.

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