Opinión

Al té le falta yerbabuena

En estos días tan señalados de Navidad, mi familia y yo realizamos el viaje ritual a Ceuta para pasar estos días con la familia, concretamente con mis padres. Yo, ceutí de nacimiento, adolescencia y primera juventud, hace ya casi 20 años que abandoné la ciudad por diferentes motivos. El caso es que estas Navidades, como de costumbre, uno disfruta de los placeres que una ciudad como Ceuta puede ofrecer -que no son pocos-, y así poner en marcha la memoria gustativa y olfativa que diferentes placeres ceutíes pueden evocar. Mi sorpresa fue, que cuando pedí un cálido y refrescante té moruno, pude comprobar que mi memoria gustativa me empujaba a una decepción escalofriante; al té le faltaba la contundente cantidad y propio aroma de la yerbabuena de verdad.

Y con esta sensación de decepción que fui arrastrando y repitiendo cada vez que me pedía un té en diferentes establecimientos, pude leer algún fragmento de una entrevista del 23 de diciembre de 2020 al siempre eterno presidente Juan Vivas, en la que este afirmaba, con ciertos matices, hay que decirlo, que “Ceuta puede vivir sin necesidad de depender de Marruecos”.

La economía de Ceuta ha funcionado, entre otras cosas, por la inercia del empuje de otros y otras que cruzaban la mal-organizada frontera día a día para poner en marcha el mecanismo de hacer dinero en Ceuta de una manera fácil y casi sin inversión. Bastaba con montar unas naves comerciales a pie de la frontera y llenarlas de artículos de los más variopintos, y empezar a venderlos como churros; o que todo el apreciado pescado que se consumía en Ceuta viniera de Marruecos sin que ni siquiera se tuviera que invertir en una flota pesquera; o tener una compañía de autobuses que iban todos los días de la semana repletos de trabajadoras y trabajadores marroquíes dejándose parte de sus ingresos en el transporte de ida y vuelta a la frontera. Todo esto era una realidad del pasado que cuesta creer ahora que las cosas han cambiado tanto debido al problema sanitario; pero también a otras cuestiones que quizás se nos escapen, y que tengan que ver más con la política internacional de la que poco o casi nada sabemos sobre lo que se cuece por debajo de la mesa.

Y me remito a lo difícil que se hace imaginarse una frontera vacía. Yo no pisaba suelo ceutí desde las anteriores Navidades, un año justo. Por aquel entonces se oían ciertos rumores de un extraño virus que provocaba una neumonía, pero el problema aún era chino, y aquí disfrutábamos de nuestros privilegios de ser ciudad fronteriza, porque, aunque a muchos ceutíes les parezca un problema eso de ser frontera con Marruecos, al menos, yo, no puedo dejar de verlo como una gran ventaja en todos los sentidos. El caso, es que este año por curiosidad y todavía un tanto receloso de la situación, me dirigí a la frontera para poder ver de primera mano la falta de trasiego. Y así fue, el impacto que me produjo fue enorme, una sensación de pena, desasosiego e impotencia recorrieron mi cuerpo. Jamás había visto la frontera así. La imagen me llevó a la famosa escena de Abre los ojos donde el actor protagonista, Eduardo Noriega, corría por la Gran Vía madrileña sin nadie, completamente vacía.

Por tanto, y para ir terminando. ¿Cómo podemos pensar los ceutíes que Ceuta no depende de Marruecos? Por favor, y siendo honestos, cuántas personas se beneficiaban del trabajo doméstico de mujeres marroquíes que día tras día cruzaban la frontera con el impacto que eso tenía en la economía ceutí; cuántas empresas se beneficiaban de la mano de obra marroquí que venía a Ceuta a hacer trabajos de diferente cualificación, sobre todo en la construcción y otros sectores. Por favor, seamos honestos.

Desde una perspectiva exclusivamente económica se sabe que no diversificar la inversión puede traer serios problemas, y Ceuta ha pecado en su conformismo y falta de perspectivas, es evidente, pero querer zanjar ahora el problema diciendo que Ceuta no debe depender de Marruecos es no ser muy consciente de todas las cosas que gracias a Marruecos teníamos; y que, por supuesto, la dependencia era bidireccional, sino que se lo digan a los residentes marroquíes de Castillejos o Tetuán.

Lo que esta ciudad necesita es un verdadero proyecto económico de ciudad: economía digital, turismo, cierta industria… etc., y, por descontado, interdependencia con Marruecos, pero una interdependencia que tenga como marco unos valores éticos y de justicia social para equilibrar y gestionar de la mejor manera este privilegio de ser una ciudad fronteriza e interdependiente; que todas y todos salgamos ganando.

Señores y señoras de Ceuta, atendiendo a una antropología de los sentidos de la que Ceuta podía presumir por sus olores y sabores: nos falta el pescado, nos faltan las coquinas, nos faltan las conchafinas, las naranjas del Luko, y, sobre todo, al té le falta yerbabuena.

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