Dice el Gobierno que no, que la tala de árboles no ha sido una decisión caprichosa. Tal acción, nos aseguran, se ha sustentado en informes técnicos y es ahí donde se ha decidido qué árboles cortar y cuáles no. Punto y final.
Cada vez me asombra más la frialdad de la clase política hacia nuestro entorno. Estamos despreciando la naturaleza y nos estamos cargando la esencia de Ceuta, las señas de identidad, esas que ahora hasta nos fabrican diciendo que se encarnan en las farolas de la Gran Vía.
Un criterio puramente técnico sustenta la decisión impuesta de cargarse unos árboles que durante años han formado parte de un rincón de Ceuta. “No valen”, nos dicen. ¿Cómo qué no?, ¿qué están valorando para sostener esa decisión?, ¿qué valores imprimen en la Ceuta que quieren construir?
Llevamos viendo varios casos de arboricidios, hemos asistido a la dominación humana de la naturaleza hasta el punto de variarla a nuestro antojo sustituyendo la vida por el cemento, los rincones con encanto por otros ideados por el hombre.
Llevamos viendo varios casos de arboricidios, hemos asistido a la dominación humana de la naturaleza hasta el punto de variarla a nuestro antojo sustituyendo la vida por el cemento
Desde hace tiempo asistimos al hundimiento de las raíces de Ceuta. Es un drama, es el lamento de una ciudad que calla y que se va desfigurando poco a poco. Hemos permitido que bienes patrimoniales terminen perdiéndose porque nadie se ha encargado de atenderlos. En estado de ruina es la mejor forma de proceder a su derribo. ¿Qué sucederá con el garitón de Santa Catalina?, ¿y con el BIC del Parque de Artillería?, ¿y con las casas señoriales y con esos rincones que formaron parte de nuestra historia y que se cargaron ordenando derribos sustentados en expedientes fabricados con alevosía?
Dejamos que la historia que compartimos muera después de una agonía escrita por capítulos; permitimos que rincones naturales desaparezcan de la noche a la mañana. Nosotros, los humanos, herimos de muerte a árboles que representan vida... porque hay unos informes que dicen que esas especies no valen.
Es eso y lo es todo. ¿No querían poner en San Amaro aquellos aparatos que iban a imitar el sonido de los pájaros? Increíble. Así obran, como apisonadoras, obviando una realidad que terminará dándonos dolores de cabeza.
Cuando nos toque pasear con nuestros nietos y queramos enseñarles la Ceuta que estábamos obligados a conservar, ¿qué les contaremos?, ¿cómo recuperaremos esa intrahistoria? Asistimos al crecimiento de una ciudad desordenada, sin criterio alguno, en donde cada uno hace lo que le conviene; una ciudad con barriadas históricas apagadas, una ciudad en donde ni siquiera se cuidan las señas que nos hacen diferentes. Con lo preciosa que es, con las luces que nos regala a diario, ¿cómo somos tan inútiles de devolverle bofetadas donde solo debía haber querencias?
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