Mi cabeza se debatía entre la realidad y la fantasía. Triste instante donde me encontraba, que era una invernación por prescripción, pero evidente que la felicidad estaba en su ausencia, y muchos vacíos habían en la habitación.
Quería pero no podía, ya que mi pereza me daba en el canto de mis dientes, y aunque deseaba, mis ganas se quedaban en el sillón confortante y las ganas de soñar con milenios de espadas llenas de historias, lindos parajes de aquellas verdes montañas, regates de una bella y original magnitud.
Y el futuro estaba vacío, con esas letras que deseaban ponerse en la libreta, pero la tinta fallaba, y las ideas no llegaban.
De vez en cuando aparecían destellos de ese mundo del espacio, pero entre las ganas, la ilusión de seguir dentro de una pomada, donde se fraguaba el calor del que ha perdido en el presente, y el deseo de partir, ya, a ese futuro donde la sonrisa vuelva a su rostro, y no esté camuflada, desviada a una presunción del posible, y no ser realidades como está en su cabeza, tan desleal a sus instinto de matador, seguidor de las fiestas y el olor a romance de distancia.
Se miraba al espejo y encontraba ese gran inconveniente, donde la distancia, de los kilómetros, las arrugas que ya se veía, y esos años que pasan, y pesan como una loza, dicen, que la obra, aunque desee comenzar, tendrá un despertar, sin humildad, ni paciencia, y que sólo la experiencia no bastará para sobrellevar esa mirada de un alma nueva y un viejo con espolones, y con pocas ganas de ser aquel del pasado, que fue hace tanto tiempo, y que hoy no desea que sea de esa forma, pero es más que evidente.
De momento los fármacos vuelven a actuar, y los sueños hacen renacer esos instantes de un futuro, pero que son tan evidentes, como pensativos, pero mientras existan las ganas, la ilusión estará alimentada, y la leña actuará, aunque solo encuentre unos rescoldos.
La luz de la mañana vuelve a caer en mi cara, y me levanto con otros bríos, otros movimientos que me hacen ser más joven, aunque sea dentro de mi, pero por mi parte suficiente, para mí reactivación de un nuevo y largo día, donde mi vista está fija, pero no dentro de mi habitación, sino en otro espacio, otro lugar distante, donde puede estar ese nuevo olor a mi futura felicidad.
Sentía en mis oídos un sutil ruido, y recordaba aquellas mañanas, donde me decían: que podía ser alguien que hablara de él, y si había sido con alguna palabra en especial, ya que la primera letra era el del nombre de aquella que le estaba montando.
Y renacía mis ideas, mis instintos mordian por decir al mundo: "soy un nuevo enamorado", pero me reprimía, ya que había mucha gente, que por envidia, o por tener unos segundos de gloria y poder criticar, levantarían la voz y diría al tendido: "Este está nuevamente enrollado", y poder ser un poder de enfado y no tener el sofá nuevamente en el lado del sueño reparador, que tanto bien me estaba dando.
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