Son muchos los opositores a maestros que han tenido que emigrar a otra región para poder conseguir la plaza que en la ciudad autónoma no les dejaban conseguir.
Las oposiciones de Educación de este curso en Ceuta han defraudado, y mucho. Ya lo venían anunciando los sindicatos y los buenos resultados obtenidos por aquellos caballas que han tenido que emigrar para conseguir una oportunidad lo ha confirmado. Sólo en Andalucía ha sido más de una treintena de personas las que han obtenido plaza, lo cual indica que el nivel de los opositores locales era bastante alto. Ahora, una vez olvidada la montaña rusa de las emociones que siempre viven quienes se presentan a un proceso selectivo de este tipo, toca olvidar la frustración de comprobar que en tu tierra no te dejan trabajar y comenzar a preparar una vida nueva lejos.
María García (nombre ficticio) es una de esas personas que desde el próximo 1 de septiembre comenzará una nueva vida alejada de la ciudad autónoma. “Si hubiera tenido la oportunidad de elegir me habría presentado en Ceuta”, confiesa mientras no oculta su alegría por haber obtenido su plaza como maestra tras tres años de duros esfuerzos. “Todavía hay noches que sueño que no tengo plaza. La tensión ha sido mucha y siempre queda una cosilla dentro”, explica tratando de mostrar cómo vive un opositor todo lo relacionado con el proceso selectivo. “Para ser opositor hay que renunciar un poco a tu vida social (...) hay que ser constante y trabajar mucho”, dice. A pesar de ello, María admite que ha sido una etapa “bonita” porque se ha podido dedicar a estudiar, aprender y desarrollar conocimientos en un área que le gusta. “Los maestros tenemos la obligación de formarnos y mantenernos al día porque trabajamos con niños que son auténticas esponjas”, comenta. Por ello no olvida todo el apoyo que ha recibido desde el Centro de Profesores y Recursos (CPR), desde el equipo directivo de su centro escolar e incluso desde los responsables de los cursos del Ministerio de Educación. “Todos ellos te facilitan mucho la tarea y te animan a seguir”, asegura.
Para esta opositora que ahora comienza una nueva etapa en su vida una de las espinas más grandes que le queda en el corazón es la de trabajar con alumnos musulmanes. En Ceuta ha tenido la oportunidad de afrontar ese reto que le gusta y a partir de ahora tendrá un alumnado mucho más homogéneo, aunque seguro que se le plantean nuevos horizontes. “Era interesante poder trabajar con los niños en relación con cuestiones lingüísticas”, afirma reconociendo que ese era un punto que le motivaba mucho.
A pesar de la distancia que le separará a partir de ahora de Ceuta, de su cabeza no se ha ido la idea de regresar como maestra. “Siempre cabe la posibilidad de trasladarme con el tiempo y la verdad es que me gustaría mucho poder volver”, confiesa. La calidad de vida de la ciudad autónoma, sus amigos, su familia y lo que era su vida. María se despide citando a Eduard Punset (“Sin emoción no hay proyecto”) para animar a los futuros opositores para que sepan que hay esperanza y que lo más importante es que amen lo que hagan, que lo afronten todo con la mayor ilusión. Esa es la clave.
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