La tienda de ropa Pepa Garcas, ubicada en la avenida General Muslera, fue objeto de un robo en su interior consistente en 1.120 euros en metálico, un ordenador portátil y unos auriculares de regalo de Reyes para la hija, todo particular de la propietaria y no estaban a la venta.
El incidente, según explicó a El Faro la dueña del establecimiento, sucedió de forma inesperada y sin que ella se diese cuenta de lo sucedido hasta que ‘echó mano’ a la caja registradora para devolver el cambio a una clienta.
El suceso tuvo lugar el miércoles entre las 18:30 y las 19:00 horas aproximadamente. Se trató de una tarde en la que fueron muchos clientes a la tienda y, por tanto, en muchas ocasiones la propietaria tuvo que ir al interior del establecimiento, donde almacena la mayoría de la ropa que vende.
Lo que sabe con seguridad es que en una de las ocasiones, cuando abrió la caja registradora para darle el cambio a una clienta, observó que en el interior de los casilleros faltaba dinero, la cifra antes indicada.
También recuerda que con dos clientes anteriores no abrió la caja registradora porque abonaron la cuenta con tarjetas de crédito.
Se dan una serie de circunstancias que hacen sospechar de personas que se conozcan el funcionamiento interno de la tienda y los movimientos de su personal.
Por un lado, dio la casualidad que en ese momento el marido de la dueña había salido para recoger mercancía y la propietaria quedó sola en el establecimiento.
Casualmente esa tarde no llevaron a su perro que lo dejan siempre junto a la caja registradora y el esposo de la dueña garantizó que con el perro seguro que nadie se acerca a la caja sin ser descubierto.
Otro detalle es que cuenta con un ordenador que tiene el dispositivo lector de códigos de barra pero, casualmente, desde tres días anteriores al robo estaba averiado, por lo que improvisó instalando la caja registradora que tiene en la actualidad, que sólo sirve para las sumas y para depositar el dinero.
La llave de acceso al dinero de la caja registradora se encontraba a un lado de la misma y por ello quien hubiera sido tendría que haberla visto, abrir la caja y depositarla después en su sitio.
Quien se ha llevado las pertenencias también tenía que saber que en ese momento estaba sin el marido y tenía que desplazarse a la habitación interior del establecimiento para recoger algún género pedido por algún cliente.
En relación a posibles sospechas, desconoce quién ha podido ser porque la mayoría de los compradores son habituales y, por tanto, conocidos. La dueña del establecimiento no recuerda los rostros de algunos clientes que no son habituales.
Sin embargo, tiene claro que entre las últimas personas atendidas debe estar quien se apoderó de los efectos, ya que no transcurrió mucho tiempo entre el momento en que descubrió el robo y el instante en que se produjo la llamada telefónica de la central de alarmas.
Alguien pulsó la alarma por error
La alarma la pulsó alguien que se encontraba próximo al botón que la acciona y, si la propietaria del establecimiento no fue tal vez se trató de alguien que confundió el pulsador del sistema de seguridad con algún botón que se debía de activar para abrir la caja registradora, ya que en ese instante la llave no estaba puesta. Asimismo, la mujer desconoce si se trató de alguna de las personas que en aquel instante se hallaba fuera de la tienda, posiblemente el acompañante de un cliente que aguardaba su salida después de realizar la compra.
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