El cierre temporal del colegio ‘Ramón y Cajal’ y el traslado de su alumnado a otros centros de Ceuta encendió un debate que va más allá de un simple trámite administrativo.
Fue una decisión que marcó el futuro educativo de cientos de familias y que pone a prueba la capacidad de coordinación entre administraciones. Sin embargo, a día de hoy, la incertidumbre sigue siendo el factor dominante.
El consejero de Fomento, Alejandro Ramírez, ha dejado abiertas dos opciones: la reforma integral del centro o la construcción de uno nuevo. Ambas alternativas son legítimas, pero ninguna debería plantearse sin un informe de patologías claro y concluyente.
Resulta preocupante que todavía no se pueda afirmar con rotundidad si el edificio sufre daños estructurales. La ciudadanía merece saber en qué situación se encuentra una infraestructura que ha albergado durante décadas a generaciones de alumnos.
Aun así, el consejero ha confirmado que, sea cual sea el resultado del estudio, será necesario revisar todas las actuaciones previas realizadas en el colegio, un gesto imprescindible para evitar repetir errores.
La decisión final se tomará junto al Ministerio de Educación, pero la transparencia debe ser un compromiso compartido. No basta con actuar: hay que explicar por qué se actúa.
Los ceutíes necesitan respuestas firmes y coordinadas. Lo contrario solo alimentará la desconfianza.
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