Hablemos del segmento de la población más importante de nuestra sociedad: los jóvenes. Siempre lo fueron y siempre lo serán y no importa cuánto seguirán padeciendo en primera línea las consecuencias del mal hacer de sus mayores que, incluso, hasta son capaces de enviarlos a guerras que ellos mismos inician con fines espurios.
Los jóvenes de nuestros días son los que están padeciendo con gran crudeza las consecuencias de la mayor estafa que se haya cometido; aun así, son un claro ejemplo de madurez, paciencia y sensatez como nunca antes una generación de jóvenes haya sido. Y sienten que se les pasa el tiempo. Por eso, necesitan ser rescatados urgentemente; necesitan un trabajo, necesitan formar un hogar propio. Es muy perentorio que se produzca su rescate porque necesitan cubrir sus necesidades básicas sin depender de nadie. Es cuestión de dignidad.
Lamentablemente dependen de decisiones políticas audaces, que favorezcan su introducción en el mercado laboral y así en el engranaje de la maquinaria productiva del país y eso no se produce. Tengo que decir que no me gusta el calificativo Nini; tampoco me gusta que sean considerados la generación perdida, me estremece y me duele reconocer que la mayoría de los jóvenes de nuestro país vivirán con un nivel de vida por debajo del que lograron sus padres.
Y me aterran aquellos que, en lugar de dar soluciones, miran en una misma dirección con el único objetivo de salir y situar en el pasado esta crisis que, por cierto, no es sólo económica, es laboral e institucional. Seguramente no se han dado cuenta de que habrá que reparar lo que se ha roto, el daño causado y el que aún está por producirse.
En estos momentos el conformismo, la pasividad y la tibieza ante una situación que se agrava día a día, es el peor enemigo con el que cuentan los jóvenes. Las primeras medidas deberían estar ya en marcha. Los jóvenes necesitan empleo estructural, que tengan su origen en las ofertas públicas y en el empleo de calidad que ofrezca la empresa privada. Pero la administración, nuestra administración autonómica está haciendo justo lo contrario de lo que debería estar haciendo: tímidas y restrictivas ofertas públicas y empleo precario.
Malo es para los jóvenes y malo es para el resto, aunque bueno para ellos: las elecciones las ganan por mayoría.
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