Y día tras día asistimos a la terrible convicción de que nada más puede suceder en el entorno fronterizo que pueda ser peor que el lamentable espectáculo al que estamos asistiendo. Colas de 3, 4 o hasta 6 horas para acceder a una ciudad que invirtió sus euros en captar el yacimiento turístico del cliente selecto de Marruecos. Colas desesperantes para todos aquellos ciudadanos que por cuestiones familiares o de negocios tienen que salir al país vecino, a sabiendas de que a su regreso vivirán una auténtica odisea. La comunicación es imposible. Los días del porteo porque se criminaliza a los que lo ejercen, el fin de semana como éste porque o bien falta personal (como siempre), se cierran carriles o se organiza una ‘huelga’ encubierta para ver quien controla más y durante más tiempo. Cualquier mirada hacia el vecino país se torna extraña hasta el punto de que las relaciones han dejado de ser normales para dar pie a una tirantez más evidente a cada paso.
Será difícil de arreglar el desaguisado montado, se van a tardar años en desmarcar esa mala imagen que está ofreciendo una ciudad cuyo Gobierno ha gastado grandes sumas en campañas turísticas, informes y gestiones para sacar beneficio al cliente que se buscaba al otro lado. Los últimos datos estadísticos nos han arrojado ya los primeros resultados: el turista marroquí se ha desplomado, ya no viene, ni para comprar ni para disfrutar. Y lo más grave es que la situación, lejos de mejorar, está empeorando, alimentando un rechazo social entre las juventudes que ya ha quedado materializado en algunas protestas y en los foros de las redes sociales marroquíes.
La capacidad de gestión para reordenar el problema del tráfico de bultos no pasa por la pérdida del territorio, por el dominio del caos absoluto, que es lo que ahora está ocurriendo sin que nadie aporte soluciones. Lo noticiable va a ser que no haya colas, a este paso los criterios informativos van a dar un cambio brutal al tomar como escena una zona que nadie entiende, que se ha convertido en incontrolable para ambos lados.
Los cierres continuados de la frontera, las tensiones, las manifestaciones, los colapsos, los rechazos de ciudadanos que antes eran anecdóticos ahora marcan y definen unas relaciones a pie de una línea fronteriza cada vez más compleja, menos controlada y más dañina hacia el futuro que queríamos perfilar para esta Ceuta.
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