Quiero pensar que es 29 de julio.
Quiero pensar que, mientras unos ceutíes agotamos nuestros últimos días de trabajo previos a las merecidas vacaciones, otros paisanos disfrutan despreocupadamente de nuestras playas.
Quiero pensar que todos esperamos con ilusión la celebración de nuestras fiestas patronales en honor a la Virgen de África, la llegada de familiares, amigos y turistas que todos los años vienen por estas fechas.
Quiero pensar que, mientras compartimos en paz y armonía nuestras calles y nuestras plazas, tomando algo en nuestras terracitas con ese inconfundible aroma a pinchitos que se desprende de los anafres, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el Centro Nacional de Inteligencia han detectado que miles de personas se preparan, a pocos kilómetros, para quebrantar nuestra frontera por mar y tierra.
Quiero pensar que se informa de inmediato al Gobierno de la nación del peligro detectado y se hace partícipe a S. M. el Rey.
Quiero pensar que nuestro Gobierno convoca de inmediato un gabinete de crisis. Llama a consulta a la embajadora de Marruecos en España, a la vez que Felipe VI hace lo propio comunicándose con Mohamed VI.
Quiero pensar que España se planta frente a Marruecos, que se refuerza nuestra frontera destinando más efectivos.
Quiero pensar que la diplomacia europea interviene, llama al orden al Gobierno marroquí para que detenga cualquier intento de asalto, a la vez que destina un numeroso contingente de agentes de FRONTEX a la frontera del Tarajal.
Quiero pensar que el día 30 de julio don Felipe de Borbón, antes de marcharse de vacaciones a Marivent, visita una Ceuta engalanada y transmite a toda la ciudadanía un mensaje de tranquilidad y normalidad.
Quiero pensar que el presidente del Gobierno se ha mantenido al frente de su gabinete con determinación y firmeza, sin permitir que nadie cuestione la españolidad de Ceuta, que nadie quebrante la territorialidad del Reino de España.
No quiero pensar que decenas de personas hayan fenecido ahogadas mientras buscaban un futuro mejor o vete a saber qué. No quiero pensar que mi ciudad haya sido invadida por miles de personas con intenciones que no conocemos.
No quiero pensar que nuestro servicio de inteligencia advirtiese a nuestro Gobierno y que, desde el presidente hasta el último ministro, nadie haya hecho nada. No quiero pensar que nos estén engañando, que nos hayan abandonado.
No quiero pensar que nuestros mayores se confinen en sus hogares por miedo a salir a la calle. No quiero pensar que las mujeres salgan con temor a la calle y hayan tenido que echar al bolso un spray de defensa personal. No quiero pensar que nuestros niños no puedan jugar en los parques ni disfrutar de las playas.
No quiero pensar que nadie quiera quebrar la modélica convivencia en la heroica y leal ciudad de las cuatro culturas.
No quiero pensar, como tantos dicen ya en voz no tan baja, que sea el principio del fin.
¡Ceuta no se vende! ¡Ceuta no se rinde! ¡Ceuta se defiende!
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