Categorías: Opinión

Quedan diez días y nadie interviene

Quedan diez días para que se inicie la anunciada huelga de limpieza en nuestra ciudad que, por supuesto, podría dejar a la Semana Santa como la segunda noticia de todos esos días, ya que las calles, al final, a medida que fueran pasando las horas, serían un verdadero estercolero. Porque ya sabemos lo que sucede con ese tipo de paros, si no hay acuerdo, resulta que las basuras se acumulan y ni servicios mínimos, ni nada parecido.

Hasta ahora se está telegrafiando lo que es la hoja de ruta típica en estas cuestiones tan candentes que afectan a la calidad de vida de los ciudadanos de una manera sorprendente. Ya vemos las imágenes que las televisiones nos muestran de como se encuentra la capital malacitana después de un montón de días de huelga en el servicio de limpieza y eso que allí la empresa, la patronal es una sociedad mixta entre el Ayuntamiento y una sociedad de las especializadas en estas cuestiones.
Aquí, después de la ruptura de las negociaciones, porque según los trabajadores, la patronal se levantó de la mesa y no ha vuelto, vino la petición del paro por parte del comité de empresa. Y ahora nos encontramos en la página de las divergencias en materia de los servicios mínimos. Aparte de los lugares que son sagrados en este tipo de huelgas como mercados, hospitales y colegios con comedores (es época de vacaciones y no habrá ni colegios, ni comedores) no se acepta desde el comité de empresa los servicios mínimos que quiere imponer la Ciudad Autónoma. Si al final, en este tipo de cuestiones, las discusiones por este tema son baladíes, porque aunque se impongan, no se cumplen y tampoco sucede nada de nada.
Lo importante es que quedan únicamente diez días y resulta que nadie mueve ficha. Entiendo que, tal y como establece el Gobierno, es un asunto meramente privado, pero repito que tendrá consecuencias para todos los ciudadanos y además la competencia del servicio es municipal. Por tanto, más vale tarde que nunca, el Ayuntamiento debería implicarse y volver a sentar en la mesa de negociaciones tanto a la patrona como a los sindicatos e intentar llegar a un acuerdo entre todos.
Que al final todos nos podemos arrepentir por no haberlo intentado al menos. Por hablar nada se pierde ni nadie se baja los pantalones. Del diálogo nacen las soluciones, aunque a muchos les pueda parecer imposible.

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