El paso de los años nos hace más reflexivos y la Navidad que no deja indiferentes a defensores ni a detractores, me ha traído todo tipo de recuerdos. Soy de la generación que recibía mucho cariño y pocos regalos que traían los Reyes Magos, regalos útiles y con suerte y un poco de esfuerzo, tal vez a mayores una muñeca con la que salía orgullosamente a jugar ese día (aún conservo una de aquellas primeras "habladoras", que decían cuatro cositas al tirar de la anilla en su parte posterior). Hoy, los niños siguen teniendo el cariño de unos padres que no escatiman en regalos, demasiados, la mayoría poco útiles y por partida doble, ya que ahora ha entrado en escena Papá Noel ajeno a nosotros, pero que representa muy bien la sociedad consumista en la que vivimos, capaz de importar tradiciones ajenas cuando de vender se trata.
Y mientras las calles se llenan de gente comprando regalos como si no hubiera un mañana, buscando manjares y pequeños detalles exclusivos para decorar su mesa o su casa, la mayoría cierra los ojos a la realidad, la de aquellos que no tienen nada, ni un techo para cobijarse, ni comida que llevarse a la boca, los más vulnerables que luchan cada día con uñas y dientes para sobrevivir. Los enfermos, especialmente los "incómodos" a los que por su patología cuesta visitar, como los enfermos de Sensibilidad Química Múltiple, que se ven obligados muchas veces a pasar solos estas fiestas, no por deseo propio, sino porque ni familiares ni amigos están dispuestos a dejar de ponerse su colonia, su perfume favorito o cualquier producto con fragancia para hacerlo posible. Sin olvidar los desalojos de inmigrantes en plenas fiestas para dejarlos en la calle o debajo de un puente, a merced del frío y la lluvia o de aquellos ancianos que celebrarán las fiestas solos a pesar de tener familia y muchos otros de colectivos desfavorecidos y vulnerables, claro está, al tiempo que les deseamos a todos una feliz Navidad o un próspero Año Nuevo, en una gran muestra de cinismo, sin poner nada de nuestra parte para que de verdad esos días sean felices para todos ellos.
Ojalá algún día nuestra solidaridad sea real y dure los 365 días del año.
María Argentina Rey Fernández (Médico afectada de Sensibilidad Química Múltiple)
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