“No podemos más, estamos al límite”. Este es el grito de auxilio de los zapadores del Regimiento de Ingenieros nº 7 (RING 7) de Ceuta ante un cambio de horario de trabajo, tras los sucesos de finales de julio, que se traduce en turnos de diez horas todos los días en los que, según los denunciantes, no les corresponde “ni comida, ni cena”.
Los afectados explican que son el único cuartel que no cuenta con relevo de personal. “La gente lleva dos meses sin ver a su familia”, afirman.
El problema del que se quejan es la sobrecarga laboral que soportan desde hace dos meses, un periodo en el que han asumido un volumen de trabajo equivalente al de unidades con mayor plantilla.
Exponen que han estado realizando turnos de 24 horas alternas que, en la práctica, terminan prolongándose aún más. A esta situación se suman irregularidades retributivas, ya que afirman no haber percibido la compensación económica correspondiente a sus servicios en la calle, mientras que el personal destinado en oficinas y otras compañías ha cobrado la cuantía máxima sin realizar labores de patrulla.
Los perjudicados insisten en que este nuevo horario de trabajo es peor, argumentando que “estamos trabajando los mismos puestos que Caballería cuando ellos son el triple de personal que nosotros”.
Relatan que hacen turnos de mañana, tarde y noche “sin parar”, y que tras diez días de labores corresponderían “dos días libres que todavía no hemos visto”.
De acuerdo con lo que indican, en los turnos de mañana, la jornada comienza a las 7:00 horas con la formación y se extiende hasta las 17:00 horas, periodo durante el cual no se les proporciona ningún tipo de comida. De igual forma, en el turno de tarde se les niega la cena, bajo el argumento oficial de que no les corresponde manutención.
Toda esta dinámica obliga a los efectivos a permanecer de pie entre seis y siete horas en puntos de vigilancia como hospitales o supermercados, acumulando un elevado nivel de estrés físico y emocional tras semanas de servicio.
“Han venido acuartelamientos de fuera relevando a la Legión y a Regulares y a todos los cuarteles, menos al nuestro, cuando somos los que tenemos menos de la mitad de personal que otros cuarteles”, comentan los perjudicados por esta situación.
Denuncian que tras la entrada masiva de julio no cuentan con facilidades para ver a sus familiares. “Psicológicamente estamos destrozados”.
Los zapadores quieren dejar claro que el inconveniente no tiene que ver con sus labores de presencia. “Nosotros lo hacemos encantados para que la población se sienta segura, pero nadie vela por nuestros derechos, no podemos estar mañana y tarde sin comer ni cenar, estamos hasta las cinco al sol y como mucho nos traen una lata de atún y una chocolatina”.
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