Txiki Orozco trae a Ceuta una retrospectiva de su obra. Una muestra libre que invita al espectador a dejarse llevar por la belleza de lo inclasificable
Él es libre y su obra también. No la clasifica. Tampoco la firma si eso implica desestructurar los lienzos. Ni la nombra. Txiki Orozco quiere que su obra se vea tal y como se crea. Con libertad. Y que los que estos días acudan al Museo de las Murallas Reales a contemplarla, salgan felices. Sin más. Y sin menos. Entre trazos, esculturas, serigrafías, grabados, óleos e incluso varios films, este ceutí acampado entre Irlanda y Aracena, ha sabido impregnar el interior de las Murallas Reales del arte libertario del que nace con la inquietud de mostrar lo que encuentra a través de un arte polimórfico sin ataduras.
Ha bebido de Mark Rothko, Barceló, Miró, Picasso, de la naturaleza, del pop-costero, de los ojos de su hija y de todo lo que inspira. Ser artista para él es fácil. “Todas las personas pueden serlo, sacar lo que tienen dentro”. Txiki lo hace. Crea en pasado, presente y futuro. Crea sobre la marcha. Una obra en la sala central aún está húmeda de pintura roja. Juega con la ironía y dice que está prohibido fijar carteles. Ha fijado sus obras en todas las paredes del museo. Sin hilos, sin ataduras. Quizá el único, las referencias a su tierra natal en algunos lienzos como el dedicado a la Plaza del Teniente Ruiz o la serie realizado hace casi dos décadas bajo el nombre de ‘Sebta’. Orozco es libre. Los que lo disfrutan deben serlo también.
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