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Porque la dignidad de España es el último clavo ardiendo del Derecho Internacional

Actualmente, parece ser que el orden mundial ha descarrilado, siguiendo una ruta oscura, donde los mapas se desdibujan con sangre, mentiras y amenazas.

Mientras Europa agacha la cabeza, cobarde, antes las embestidas salvajes de Tel Aviv y Washington, Madrid ha dicho que “no”, España ha decidido ponerse en pie, dar la cara y llevar a cabo algo revolucionario: mantenerse fiel a sus valores, no un mero figurante de una tragedia escrita por otros.

Cerrar las bases de Rota y Morón es un acto de resistencia frente a la involución de dos psicópatas sin escrúpulos ni moral, Donald Trump y Benjamín Netanyahu.

Aquella guerra preventiva, basada en mentiras a las que nos empujó el trio de las Azores en su día, desintegró un país dejando un reguero de miles de muertos y saqueo de recursos, estableciendo un precedente “ataque antes de ser atacado” y, ese fantasma brutal de justificar lo injustificable lo han resucitado Trump y Netanyahu convirtiendo este tipo de ataques en una norma aceptable, mientras nos vendían que la lección de Irak estaba aprendida.

Parece ser que la paz no es un buen negocio para aquellos que precisan de ruido de misiles, bombas y cazas para ocultar sus carencias políticas. Mientras que las negociaciones nucleares en Ginebra y Omán, mostraban avances reales, mediadas con mucho esfuerzo, este febrero, Trump y Netanyahu ultimaban, detrás del telón de este inmenso teatro el ataque final, nadie les dijo a estos dos pirómanos de la paz que atacar cuando el diálogo es fructífero, no es medida de seguridad sino un sabotaje deliberado a la diplomacia.

Mientras los misiles surcan el cielo, Melania Trump, como quien no quiere la cosa, preside la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, un surrealismo geopolítico donde el poder dinástico es una escenificación frente a la meritocracia diplomática.

La OTAN, ya no es lo que era, se ha convertido en el brazo ejecutor de un mandatario con ínfulas de emperador que, obedece más a sus intereses personales que a lo que representan las siglas en sí, ha dejado de ser una alianza defensiva a convertirse en un club privado; dentro de nada, los Consejos se celebrarán en Mar-a-Lago.

¿Para qué está la OTAN? ¿Qué pinta este organismo que permite que un miembro de la misma amenace a otro comercialmente, como ha hecho Trump con España por el simple hecho de respetar los tratados internacionales? Lo cierto es que nada. Se desmorona todo lo construido, una arquitectura de derechos para la seguridad que llevó siglos levantar ante la mirada y el silencio cómplice de una Comunidad Europea que prefiere salvar aranceles antes que sus principios.

Francia y Alemania calculan el precio de sus coches y sus vinos plegándose a las exigencias del gigante americano no vaya a enfadarse, mientras España opta de manera valiente y sola ante el peligro de la autenticidad. Qué fácil para algunos hablar de valores y llenarse la boca cuando no cuesta y no hay nada en juego; lo difícil es defenderlos en contra de todos y sobre todo de una potencia mundial que te tilda de “aliado terrible” y amenaza con un bloqueo.

España es la única que reconoce que el derecho internacional no es una moneda de cambio ni un menú a la carta.

No se puede defender la integridad territorial de unos países y aplaudir masacres preventivas en otros.

Lo que está ocurriendo ahora mismo en Gaza o el secuestro de un presidente desde su país soberano como Maduro y lo que acontece en Irán, es la prueba irrefutable de que hemos entrado en una era donde la vida humana es secundaria frente a la geoestrategia.

En pleno S.XXI, estamos ante una involución, una agresión salvaje, un viejo y lejano Oeste donde se dispara a matar antes de preguntar.

Si la sociedad europea no sale en masa a defender a España, estamos aceptando que el mundo que van a heredar nuestros hijos/as, se convierta en el patio de juegos de psicópatas y corruptos, un gran Coliseo que aplaude las locuras de su emperador, agradecido por los juegos y el pan que tiran a las gradas, sin importarles en absoluto la miseria de otros, el dolor, la infamia y la mentira.

“Una nube negra”, oscura y amenazante cubre el mundo y solo se disipará si recordamos que el poder reside en las personas, no a los misiles de quienes se creen dueños del mundo. Si nos callamos ante este despropósito internacional, donde las leyes se saltan “a la torera”, que vayan fortificando sus países los que tienen la suerte o la desgracia de tener recursos naturales y riquezas que anhelan los reyes de todas las guerras.

España ha dado el primer paso; el resto de Europa debe decidir si quiere ser cómplice de es genocidio diplomático o recuperar su esencia, su alma.

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