He de confesar que, en el momento de su publicación, me resultó inquietante este título: me resistía a creer que el poeta Rafael Guillén quisiera poner punto final a su ya larga trayectoria creativa, reflejada en numerosas publicaciones y jalonada por tantos premios y distinciones.
Igualmente me desconcertó –por paradójico, tal vez- este paréntesis también integrado en el título, con el que el poeta cerraba el “Pórtico” que abre este poemario, que no es sino la expresión de un deseo –punto de partida pero también final y meta- de su quehacer amoroso-poético: “… no sé, quisiera, / tal vez, sólo decirte / lo que nunca sabré decirte.”
Ahora, cuando acabamos de conocer la noticia del fallecimiento del poeta (Granada, 1933-2023), uno de los máximos representantes de la Generación o Promoción del Mediosiglo, volvemos a este último poemario, comenzando por ese Pórtico para 32 poemas de amor. Poemas en los que se han instalado las dudas y las incertidumbres; las preguntas sin respuestas. Un amor transmutado en poesía en la que se rompen todos los límites (de la corporeidad, del espacio, del tiempo…); una poesía que renuncia a cualquier evidencia sensible y que se convierte en búsqueda incesante de la esencia amorosa.
Porque el proceso constante de búsqueda es una de las claves que configura la poesía de Rafael Guillén, ya desde sus inicios. Y en esa búsqueda no duda en aventurarse por cualquier camino, en adentrarse en ámbitos tan en apariencia ajenos al mundo poético como es el campo científico. Su ansia de conocimiento lo impulsa a concebir mundos en los que se superponen espacios y tiempos, algo que lo llevaría a “Vivir en varias dimensiones / y edades, pero simultáneamente, / integrado en el soplo / creador, múltiple y uno / que hizo girar el universo.”
¿Dónde situar, entonces, a la mujer amada? No en lugares concretos; no en momentos puntuales: la amada –que trasciende cualquier concepto de espacio y tiempo- es la única certeza en medio de tanto caos, de tanta confusión: “Tu amor es la constancia de que existo, / el desmantelamiento de cualquier teoría / que menoscabe el reino del instante; / es la certeza de que no me miente / un más allá que desconozco; / es una tabla salvadora que se mece / en la marea del absurdo.”
Es la de Rafael Guillén una poesía amorosa que evita los convencionalismos de gran parte de la poesía amorosa. Más allá de una dimensión exclusivamente temporal, material o espiritual, concibe el amor como “…Horno / de fundición, tamiz, crisol donde convergen / los dones todos, todas / las pesadumbres.”
Se nos ha ido el poeta. Pero ahí están sus poemas, su voz. Y repetimos, ahora, haciendo nuestros los últimos versos de la composición que cierra el libro: “Me llegará tu voz, tan cálida, / entre los algodones de una niebla fría, / como empapada en un silencio/ definitivo,...”.
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