Los resultados oficiales que se tienen de los programas puestos en marcha para fomentar el empleo de amas de casa ceutíes no dejan lugar a dudas: la medida ha sido un fracaso. De 24 mujeres formadas sólo cinco han sido contratadas, y algunas de ellas no para trabajar en el hogar. Mientras la empleabilidad de mujeres marroquíes continúa y sigue existiendo esa economía sumergida. Pero con una diferencia. Ahora no se puede legalizar a nadie de Marruecos después de la resolución ideada por el delegado del Gobierno pensando que con ello podía paliar las cifras de paro. No ha sido así, pero además de no solucionar este problema se ha creado indirectamente otro: el que las familias que quieren contratar a una mujer de Marruecos para atender su hogar no lo puedan hacer. Se lo impide la administración atacando el derecho a emplear a quien uno quiera por mera confianza e, indirectamente, provocando que esa bolsa ilegal no se ataje. Con los datos en la mano cabría reflexionar sobre esta medida, asimilar los errores y favorecer cupos extraordinarios de legalización. En contrataciones tan específicas como las de amas de casa prevalece mucho más la confianza en la persona contratada que su origen. La discriminación no lleva a ninguna parte.
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