La sorpresa de dos periodistas catalenes que ayer por la mañana navegaban en el Estrecho en una barca, acompañados por Moisés Ruiz, gerente de la Estación Náutica, fue mayúscula.
Habían venido el viernes y se iban ayer domingo por la tarde tras tres días elaborando un reportaje sobre actividades subacuáticas en Ceuta, para una revista especializada que se edita en Barcelona.
Pero algo alteraría su último viaje. Tras navegar media hora con los delfines percibieron una tortuga boba que flotaba sobre el agua y con mal aspecto. Ya cerca del ejemplar, que pesaba unos 50 kilos, comprobaron su mal estado y lo subieron a su embarcación. Una vez allí, descubrieron más indicios preocupantes y la llevaron al Puerto Deportivo. El gerente de la Estación Náutica llamó al veterinario Álvaro García, que acudió puntual a la cita y examinó a la tortuga en la lancha.
Primera parte del diagnóstico del veterinario: “Tiene unos cangrejos acoplados, puede que tenga problemas de flotabilidad. Segunda parte: “Ha estado alguna vez en cautividad, tiene marcas de erosión en el caparazón de abajo, como si hubiera andado por cemento. Es como si la hubieran soltado antes de que estuviera preparada; el caparazón también presenta manchas de alquitrán”. Pero ni rastro de microchip. Tercera parte del diagnóstico: “Tiene unos hongos, son producto, posiblemente, de los antibióticos”.
A pesar de todos esos problemas, García aseguró que la tortuga volverá al mar en unos cinco días, después de que suelte todo el aire que le impide sumergirse y el estar en agua dulce haga desaparecer sus hongos.
La sorpresa de dos periodistas catalenes que ayer por la mañana navegaban en el Estrecho en una barca, acompañados por Moisés Ruiz, gerente de la Estación Náutica, fue mayúscula. Habían venido el viernes y se iban ayer domingo por la tarde tras tres días elaborando un reportaje sobre actividades subacuáticas en Ceuta, para una revista especializada que se edita en Barcelona.Pero algo alteraría su último viaje. Tras navegar media hora con los delfines percibieron una tortuga boba que flotaba sobre el agua y con mal aspecto. Ya cerca del ejemplar, que pesaba unos 50 kilos, comprobaron su mal estado y lo subieron a su embarcación. Una vez allí, descubrieron más indicios preocupantes y la llevaron al Puerto Deportivo. El gerente de la Estación Náutica llamó al veterinario Álvaro García, que acudió puntual a la cita y examinó a la tortuga en la lancha.Primera parte del diagnóstico del veterinario: “Tiene unos cangrejos acoplados, puede que tenga problemas de flotabilidad. Segunda parte: “Ha estado alguna vez en cautividad, tiene marcas de erosión en el caparazón de abajo, como si hubiera andado por cemento. Es como si la hubieran soltado antes de que estuviera preparada; el caparazón también presenta manchas de alquitrán”. Pero ni rastro de microchip. Tercera parte del diagnóstico: “Tiene unos hongos, son producto, posiblemente, de los antibióticos”. A pesar de todos esos problemas, García aseguró que la tortuga volverá al mar en unos cinco días, después de que suelte todo el aire que le impide sumergirse y el estar en agua dulce haga desaparecer sus hongos.
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