Dos frases son ideales para empezar este artículo: “Quien pierde la paciencia pierde la batalla” y “Tan importante como saber ser es saber estar”.
¿Quién no ha perdido la calma alguna vez? ¿Quién dejó el mar tranquilo de su alma y se convirtió en aguas bravas, en ríos desbordados, en cataratas vertiginosas de espuma blanca que lanza su fuerza en todas las direcciones?
Yo no he sabido guardar la impotencia, la rabia, la injusticia. No me he podido callar ante la manipulación, ante la mentira que persigue humillarte, que trata de prepararte una emboscada para no darte oportunidad de la defensa. ¿Es la violencia dialéctica una respuesta de defensa? Es echar cañonazos para ir deshaciendo el dolor sembrado en tu dignidad?
Yo no sé, pero los lobos te esperarán cuando menos te lo esperes, te acorralarán y cuando intentes defenderte sin orden ni concierto, te revolcarán en la irá, en la desesperación; te sabrán vencido y agotado y verán que han conseguido la pieza.
Los estoicos se resisten a la lucha porque pensaban que no podemos hacer nada para cambiar el destino. Desistían de convencer a la naturaleza de sus proyectos, utilizaban la razón para superar cualquier momento desesperado. “Comamos y bebamos que Mañana moriremos”.
También Epicuro mencionó la aponía y la ataraxía, la tranquilidad del cuerpo y el alma para conquistar el equilibrio, la virud. Enseñaron los cuatro remedios, el Tetrafarmakon, para afrontar el desequilibrio del miedo: 1. No le temas a los dioses, que se preocupan por asuntos de los dioses 2. El destino no existe 3. El dolor es soportable. 4. Pensar en la muerte desde la vida es absurdo y cuando estamos muertos ya no tiene objeto la vida.
También Aristóteles expuso el término medio entre dos extremos, era la virtud, el equilibrio.
Habrá algún ansiolítico filosófico? ¿Algún medicamento para evitar la respuesta desesperada e incontrolable de cualquier circunstancia?
Yo estoy en ello. Después de tanto fracaso, las emociones fueron respuestas tóxicas que llegaron a enfermarme, que me lanzaron a un precipicio social al que lanzan a esos pobres diablos: el infierno.
Este CAÑONAZO me recordará bucear, indagar, experimentar en mi interior. No nos pueden abandonar la autoestima ante el peligro de perderla.
El objetivo es atrincherarse en la calma, accionar planes estratégicos para no pisar campos minados, saberse firme cuando el otro se sienta victorioso.
No responder, no defenderse en ese momento, bajar los brazos, guardar silencio, dialogar con el monstruo que quiere salir a tu auxilio.
Está todo ganado cuando creemos que está todo perdido. Buscar la paz en la guerra, no añafir más odio al odio que te tengan, no apagar el fuego con gasolina, no soplarle al viento, no entrar la trapo. Contar hasta 10, hasta cien. Seguir contando hasta que no veas con claridad las trampas que te harán prisionero de ti mismo.
La paciencia es una conquista, una panacea para resistir los días de tormenta y las noches oscuras. Renunciar a dar razones, responder desde la paz interior, desde la noche estrellada es la fuerza invisible que nos hará invulnerables.
Los 15 trabajadores de Hércules les deberían llevar flores a los que los siguen dejando sin cobrar durante tantos meses, agradecerle la prisa que se están dando desde el primer mes. A ver si pierde la paciencia el responsable.
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