Durante años he sido simpatizante del PSOE en Ceuta. En 2007 solicité formalmente mi afiliación, convencida de los valores que el partido decía defender: igualdad, justicia social, progreso, participación. Pero nunca obtuve respuesta clara. Mi solicitud fue rechazada por “decisión interna”. Nada más.
Aun así, seguí colaborando de buena fe, como ciudadana muy interesada en la política desde la juventud y con un potencial muy grande. Participé en dos campañas electorales, aporté tiempo, ilusión y personas comprometidas. En una ocasión conseguí reunir a ocho apoderadas para cubrir mesas electorales, y sin embargo, el mismo día de las elecciones, el responsable de la gestora (cuyo nombre no quiero mencionar pero él se conoce a sí mismo muy bien) me comunica que mi nombre no figura y por lo tanto no puedo acudir a la mesa electoral pero sí las personas que conseguí (un poco de risa). Me habían eliminado sin razón ni explicación. Simplemente me borraron.
No soy la única.
Hoy quiero alzar la voz y expresar mi total apoyo a Navil Rahal, porque lo que él está denunciando públicamente no es un caso aislado. Es parte de un patrón que muchos hemos vivido en silencio: la marginación sistemática dentro del PSOE de quienes no encajamos en el molde que ciertas élites internas han definido como “aceptable”.
Y me pregunto, como muchos otros ceutíes:
¿Qué es lo que pasa realmente con los musulmanes que se afilian al PSOE en Ceuta?
¿Por qué tantos son rechazados, desactivados o purgados cuando empiezan a ganar presencia o peso político? ¿Por qué se toleran comportamientos sectarios por parte de gestoras y dirigentes que actúan más como filtros ideológicos que como representantes del pueblo? ¿Por qué la pluralidad molesta tanto cuando viene acompañada de identidad y firmeza?
El problema no está en Navil, ni en Fidda, ni en Yalila, ni en ninguno de los que han levantado la voz con dignidad. El problema está en una estructura local anquilosada, elitista y profundamente acomplejada, que ve en la participación real de ciudadanos musulmanes una amenaza, en lugar de una riqueza para el proyecto socialista.
Y me dirijo a ustedes no solo como ciudadana ceutí, sino también como política en activo, miembro electa de la Asamblea Municipal de Motala (Suecia) por el Partido Socialdemócrata Sueco (Socialdemokraterna). Desde esa posición, como compañera de Navil Rahal dentro del espacio político socialista europeo, quiero dejar claro que lo que está ocurriendo en Ceuta no representa los principios ni los valores del socialismo que defendemos en Europa. Lo que ocurre ahí es una deformación local de algo que debería ser profundamente inclusivo, transparente y democrático.
El partido que nació para defender a los trabajadores y a los más desfavorecidos no puede seguir convirtiéndose en una maquinaria que desprecia a quienes vienen con vocación, principios y nombres propios.
Es hora de una reflexión seria. Y también de una limpieza profunda. No solo de cargos, sino de formas de pensar. Porque la calumnia, el veto silencioso y el ninguneo no son instrumentos legítimos en política. Son herramientas del miedo y del ego.
Y los que aún creemos en la justicia social, no vamos a quedarnos callados.
(*) Miembro de la Asamblea Municipal de Motala (Suecia)
Socialdemokraterna – Partido Socialista Sueco
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