Construido como un particular oasis sobre un vertedero, la Ciudad vio el cielo abierto con la puesta en marcha del parque de Santa Catalina. Iba a tener zona de juegos, senderos, merendero y también plantas y palmeras. Lo segundo fracasó porque las cosas se idearon con todo menos la cabeza, las inversiones fueron un fracaso. Lo primero, en cambio, se dejó morir por una falta de cuidado de la administración.
Los aparatos de gimnasia se quitaron oxidados porque nadie reparó en un mínimo mantenimiento. Los distintos caminos no se adecentaron y dejaron de tener utilidad. La iluminación también se descuidó.
Esos fallos son fruto de la inacción política, nada tienen que ver los temporales, los vientos y demás excusas válidas para la muerte de las plantas pero no para la dejación en las infraestructuras.
Puede que las continuas condenas por caídas no hayan tenido enmienda. Las arcas municipales deben ser golosas para dispendios de este tipo. En este punto de Ceuta el riesgo a accidentes graves es evidente como la permisividad de la propia administración.
Hacer un parque frente a un cementerio nunca fue la mejor de las opciones pero había que sortear la soberana multa de Europa. Hoy esa idea supone una burla y un desprecio hacia el ciudadano.
Mediante la presente quiero trasladar mi queja por el estado de mantenimiento de las instalaciones…
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