Hace ya años que la Feria Internacional de Turismo dejó de ser interesante, desde el punto de vista de atracción de lugar destinado a los contactos para mejorar la imagen turística de Ceuta.
El primero que así lo reconoció fue el presidente Vivas, quien abandonó aquel viaje obligado cada finales de enero para presidir los actos del Día de Ceuta, que terminaba siendo, de una manera o de otra, la congregación de los invitados de nuestra ciudad que habían viajado a Madrid. Cosa bien distinta es que, aunque la presencia en FITUR, haya perdido muchos enteros, no queda más remedio que estar presente en un acontecimiento de estas características.
La verdad es que me gustaría equivocarme y que quienes ahora son los máximos responsables del turismo local nos puedan mostrar, cuando hayan pasado unos días, a partir del próximo domingo, cuando se clausure la muestra, el conjunto de actuaciones logradas. Es la primera vez que viajan a este evento con los cargos que ahora mismo ocupan y estoy convencido que el entusiasmo es la mejor arma con la que se enfrentarán a unos días verdaderamente diabólicos, donde no tendrán ni un segundo de respiro.
Pero el problema con el que cuentan es que ha sido tal desastre la política turística en los últimos años, sin una brújula que, de verdad, mostrara el camino a seguir en esta materia, que mucho habrán de luchar para arrancar compromisos verdaderamente sugerentes.
Por lo menos, en estos momentos, Ceuta intenta vender su imagen al otro lado de la frontera del Tarajal para atraer a los marroquíes de clase media y media-alta que buscan en Ceuta una ciudad que les presta una serie de servicios que no pueden encontrar en su país. Y mirando hacia la Península existen dos prioridades, que tardan en ponerse en marcha, pero que más pronto o más tarde arrancarán, cuando quien tiene el poder de decisión decida que así sea. Hablamos, por un lado, de buscar la fórmula para que a Ceuta vengan turistas a unos precios bastante más bajos que los actuales y, luego, obtener la autorización para rebajar, de una vez por todas, las tipos del IPSI de determinados productos que pudieran servir de gancho.
De ahí que diga, que ahora que hemos definido, más o menos, por donde queremos caminar en materia de política turística, el papel en FITUR debería redimensionarse, porque ya que se está, al menos que se abran otros nichos de actividad turística.
Vuelvo a repetir, hace ya años que la Feria Internacional de Turismo dejó de ser interesante para Ceuta, pero que no queda más remedio que estar allí, porque, en ocasiones, las formas son hasta más importante que el fondo.
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