Calentito salía el pan del horno. Cuando intentaba darle un tiento aquello ardía. Pero mi gula era tan grande que no podía dejar para luego ese placer de tomar ese pan recién hecho.
Y cuando llegaba a casa, mi madre me miraba y siempre me decía: "Ya decía yo que levantarte tan temprano era para algo".
Y cuando salía de paseo los olores de aquel lugar me trasladaban hacia un paraíso, donde los sabores, el quedar satisfecha mi barriga, me hacían ser el ser más feliz del mundo.
Llevo muchos años en este mundo, pero siempre mis recuerdos florecen y están ahí, con ese pan del Rubito, que me hacía madrugar, pero no por ganas de salir de la cama, sino por tener al lado mío ese mollete tan calentito, y que sin tener nada dentro lo que me saciaba ese pedacito de manjar que venía directamente del séptimo cielo.
Y mi madre la pobre me decía: "¿Tienes ganas de volver a aquellos días?".
Y yo nunca decía nada, más mi sonrisa me delataba y mis ganas de volver a ese pasado, donde mis ganas y mi inocencia eran un cóctel tan maravilloso, como sentir una ola y pensar en ese frescor que se merece mi cuerpo impregnado del sudor de este nuevo verano que nos ha llegado y cualquiera sabe el día que se irá.
Recuerdos, de mi niñez y de lo mejor de todo mi pasado, es lo que me llevo hacia mis días de silencio, hacia los momentos donde vivimos del instante donde estuvimos y que tanto añoramos.
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