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Los patriotas

Por Juan Luis Aróstegui
30/10/2014 - 09:51
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El PP presume de patriota. Se envuelve en la bandera, se enjaeza con el escudo y desfila al son de la música militar henchido de gloria. Desde su atalaya de fanáticos secuestradores de los símbolos nacionales, imparten doctrina, criticando a la izquierda por detestar y combatir sus putrefactos sentimientos de egoístas insolidarios disfrazados de patriotismo medieval.

La patria existe. Naturalmente. Es más, es un concepto íntimamente ligado a los valores en los que se inspira la izquierda. Lo que ocurre es que para derecha e izquierda tienen significados diametralmente opuestos. Para la derecha la patria es una estructura de poder, controlada férreamente por la élite económica, que pretende perpetuar sus privilegios exhibiéndolos como parte del bien común. Para la izquierda, la patria es la comunión de todos los ciudadanos que viven en un estado en torno a un proyecto solidario, impregnado de identidad propia, y fundamentado en los valores democráticos. Por ese motivo, la patria de la derecha es inmutable y retrógrada. La patria de la izquierda, sin embargo,  es dinámica porque la sociedad y las personas que la integran cambian. La jerarquía de valores colectivos y la configuración de los derechos sociales sobre los que se debe articular la patria en el siglo XXI, difieren radicalmente de los que imperaban hace doscientos años. En la era de la globalización, cuando incluso estamos inmersos en la construcción de una nueva identidad (Europa), intentar definir la patria alejándose de la vida de los ciudadanos es una ridiculez.
El PP dice que defiende la patria. Es el mismo partido que ha llevado a millones de ciudadanos, compatriotas, a la más absoluta desesperación. Los han echado de sus casas. Les han quitado los trabajos. Los han expulsado de la universidad. Han dejado abandonados a su suerte a las personas dependientes. Han desmantelado la escuela y la sanidad pública. Y todo esto lo han hecho mientras robaban a mansalva. Son los mismos que ahora pretenden que la bandera oculte esta monstruosa agresión a las clases menos favorecidas. Para ellos el sufrimiento de millones de compatriotas es una cuestión menor. Lo realmente importante es que aplaudan los desfiles militares. Empobrecidos y humillados; pero obedientes y silenciosos por el bien de la patria.
La patria de la izquierda son todas esas personas atropelladas en sus derechos e intereses más elementales. Es la defensa de un modo de vida inspirado en la solidaridad, en el que estén cubiertas las necesidades básicas de todos los ciudadanos, y en el que el reparto de la riqueza sea justo. Sólo a partir de ahí se pueden plantear objetivos más ambiciosos.
La paradoja de estos antipatriotas, en nuestra ciudad, alcanza proporciones descomunales. Quienes nos han convertido en un extraño apéndice (Ciudad Autónoma), vulnerable ante las pretensiones anexionistas de Marruecos en los foros internacionales; se han arrugado vergonzosamente cuando han tenido que defender nuestra dignidad como pueblo (OTAN, Unión Europea); y han sometido a miles de ceutíes a unas condiciones de vida indecentes; son los que nos quieren dar lecciones de patriotismo agitando la bandera para tapar sus vergüenzas.
Cuando los símbolos pierden la vinculación con lo que representan, devienen en esperpento. Ese es al falso patriotismo del Partido Popular. Un esperpento anacrónico vitoreado por sanguijuelas que utilizan el poder para enriquecer a los de siempre y fustigar a todos los demás.

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