La política está para servir a los demás. El problema surge cuando se confunde el servir con el servirse, entonces todo se descoloca y la pirámide de valores se vuelve del revés. Hay muchos aficionados que ven en lo político una manera de pasar los 4 años recibiendo sueldo y haciendo sus pinitos por conseguir beneficios para el mañana. En el momento en que esa escala de valores camina por senderos alocados la política como tal deja de tener sentido y las consecuencias sobre el ciudadano son pésimas.
No hay nada peor que toparse con esos amagos de chulos de discoteca con cargo público. Suelen tener poco cerebro y nula empatía, pero entregados al ego y con poder son capaces de hacer más daño que bien.
Y miren que por Ceuta ha pasado un buen ramillete de palmeros que se han dedicado a seguir a su líder en todas las campañas políticas con tal de trincar puesto para, después, no solo no trabajar sino además olvidarse de su entrega al ciudadano para despreciarlo.
Y algunos repiten en ese camino del político déspota que ni entiende ni sabe pero manda, impone y ordena, generando perjuicios y daños a su alrededor.
El sistema no cambiará. No esperen milagros. Por eso la clase política pierde cada vez más enteros y credibilidad entre la ciudadanía. Una ciudadanía sometida, calmada, que evita revuelos porque camina cansada ante un juego político con normas que a nadie interesa variar. El acomodo venció sobre la rebeldía, la pasividad venció a la protesta. El resultado es que soportamos todo y, reconociendo que así no se debe funcionar, permitimos que los holgazanes sigan creyéndose reyes ordenando cual analfabetos consentidos por quienes les entregó una dirección general o hasta una consejería. De todo puede haber en la viña del señor y de todo soportamos en el día a día.
La política como negocio, el negocio de la política constituye una piedra intocable y heredada entre partidos que aparcan las ideologías por los intereses.
Aún contemplamos las guerras entre izquierdas y derechas, como si las líneas que antaño sí separaban formas de entender la acción política ahora persistieran. Los hay que matan creyendo ser los auténticos defensores de este país, cuando en el fondo son los mismos perros con distinto collar en un sistema convenido y que aceptamos quizá por estar agotados de alzar la voz, de golpearse contra un muro o de verificar que nada cambia ni tampoco tiene visos de que lo hará alguna vez.
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