Sucedió con motivo del alumbrado de Ramadán. Reduan Ben Zakour hizo, como siempre, un porrón de fotos. Pero hubo una que, sin duda, ha sido LA FOTO. Así, en mayúsculas. LA FOTO porque viene a simbolizar que aquí todos somos iguales y que hay que demostrarlo, para que los payasos que se atreven a hablar de quienes son españoles solo de DNI y quienes no, sean cada vez menos o se sientan retratados. Retratados por necios, retratados por chiquilicuatres. Todos los que quisieron estar acudieron al encendido de las luces de Ramadán y juntaron sus manos para pulsar el botón. Sin duda que la clave no estuvo en las bombillas, sobre todo porque, como siempre, tampoco es que se hayan lucido mucho en esta edición. La clave estuvo en ese detalle que solo vio Ben Zakour y así se ha sabido reconocer. La unión de todas esas manos para juntarse en lo que es un símbolo, en lo que es un gesto de educación y respeto: felicitar el mes sagrado a nuestros vecinos musulmanes. Sin más, sin grietas, sin ruidos, sin permitir que vengan unos aprendices de la política borrachos de odio a decirnos lo que podemos y no hacer, a quién se tiene que respetar y a quién no o quién es patriota y quién antiespañol. A esos niveles hemos llegado, a permitir que sea normal que unos elementos con espacio público hablen de promarroquíes, de manadas de magrebíes o de españoles solo de DNI para referirse a ceutíes, españoles y vecinos de esta tierra. Haciéndolo además como todo, de forma cobarde.
La FOTO de Reduan Ben Zakour es sin duda el símbolo de lo que es normal, de lo que forma parte de Ceuta, de lo que nunca debería dar pie a interpretaciones ni a críticas ni, mucho menos, a menosprecios.
Esta tierra, siempre expuesta a un empecinamiento insano por generar crispación por parte de un sector, no se merece ni crear debates, ni permitir que se hagan distinciones, ni normalizar las barbaridades que se han transformado en un mensaje político sectario y radical que se intenta blanquear acudiendo a misa de domingo para visualizar la imagen de buen cristiano. En fin. Gracias a Reduan Ben Zakour por fijarse, por captar el auténtico momento de las luces, por ofrecernos el reflejo de lo que debe ser Ceuta. Quizá sin pensarlo, nos ha dado una lección.
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