Opinión

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Las últimas intervenciones llevadas a cabo por las fuerzas y cuerpos de seguridad, que han estado relacionadas con el tráfico de drogas, han hecho aflorar una hilera de comentarios que sin pudor alguno son emitidos por personas que se muestran afines a los delincuentes. No se esconden y no hablamos de casos aislados. No. Muy al contrario. No hay más que repasar el eco que en redes sociales ha tenido el incidente ocurrido hace hoy una semana entre narcos y agentes de la Guardia Civil pertenecientes al Servicio Marítimo. Los aplausos hacia los delincuentes superaban a las críticas vertidas, se dibujaba una especie de falso héroe sobre la figura de quien no es más que un delincuente erigido en eslabón necesario para que el narcotráfico siga teniendo fuerza. A un sector de la sociedad parece que le cuesta ser claro en torno a este tipo de hechos, viniendo a justificar las andanzas de quienes no son más que piratas que colaboran en que ese negocio al margen de la ley que destroza a familias enteras siga creciendo.

Pasa lo mismo con el tráfico de personas. Cuando se le ponen los grilletes a individuos que no han tenido reparo en jugar con la vida de los inmigrantes surge el club de fans para defenderlos, para justificar que son pobres chavales que se buscan la vida, que tienen que comer de algo... aunque ese ‘algo’ suponga arrojar personas al agua si es necesario con tal de escapar.

Es tanto el dinero que mueven estos negocios que hasta han conseguido comprar una doble moral cada vez más extendida y arraigada en buena parte de la sociedad. Es esa parte que calla, que incluso lamenta las detenciones, que no está del lado de las fuerzas de seguridad, que las apabullan a base de críticas. Es esa parte social que con su actitud ve con buenos ojos y asimila como algo normal el blanqueo de capitales que sostiene negocios con beneficios millonarios pero sin actividad, negocios que abren sin el esfuerzo que le supone a los auténticos empresarios salir adelante porque su cuenta de resultados siempre será positiva. Esa parte social que vive en un mundo reduccionista creyendo que los pobres narcos y los traficantes de personas no son tan malos, pero que luego llora cuando los beneficios de esos pobrecitos financian otros que atentan contra la seguridad de todos.

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