Los responsables de los servicios de emergencia de la Delegación del Gobierno, Ciudad Autónoma y Unidad Militar de Emergencias expresaban ayer su satisfacción por el desarrollo del simulacro que ante un hipotético seísmo de magnitud 7,6 en la escala de Richter había tenido lugar en distintos puntos de la ciudad. El objetivo de este ejercicio de adiestramiento era el de garantizar la mejor coordinación posible ante una supuesta catástrofe natural. La presencia de la UME, que actuó en coordinación con los distintos cuerpos de seguridad, fue clave y la efectividad de lo que en definitiva eran unas pruebas sirvió para tener una aproximación del nivel que se alcanzaría en Ceuta ante unos supuestos de estas características. La operatividad de los actores que deben trabajar en un caso de emergencia de este tipo se puso de manifiesto, salvo detalles que deben limarse para que no se produzcan ante una catástrofe real. Todos los implicados han coincidido en valorar lo llevado a cabo, siempre poniendo en cuarentena lo que llegaría a pasar en una situación real. Queda el aprendizaje que saquen de lo que pudo haber funcionado mucho mejor y no lo hizo. Ceuta ha estado al nivel requerido en un episodio crítico de esta magnitud. Es bueno que de forma periódica este tipo de operativos se repita, porque es la única forma efectiva de calibrar el límite hasta el que podemos llegar. Han sido muchas las jornadas previas de trabajo intensivo en un día que pasará a la historia y que servirá como una auténtica lección ante emergencias.
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