Es labor de la clase política ponerse por bandera el amor a la patria chica, Ceuta, como motivo determinante de su proyecto. Vienen a salvar Ceuta, nos cuentan, aunque después parece que se les olvida porque la gestión municipal termina yendo por otros derroteros bien diferentes, mecidos en esa amnesia colectiva que comienza desde la misma noche electoral. Creo sinceramente que el público general ya nada cree, pero el sistema funciona así y al final se vota a uno u otro por mera simpatía, algunos por miedos irracionales y otros por el famoso ‘mejor malo conocido...’.
Nadie viene a salvar Ceuta. Nadie desembarca con la finalidad de recuperar la ilusión porque esta lleva tiempo muerta. Nadie viene ofreciendo propuestas realistas porque no interesan ya que su aplicación rompería con todo el modus operandi de privilegios que persiste y es aceptado socialmente. Los proyectos políticos no son más que salvavidas para los que se suben al barco después de haber perdido las alforjas por el camino, vagabundos errantes en busca de ese clavo ardiendo al que aferrarse para salir a flote. Los proyectos políticos no son más que calmantes de egos de quienes siguen teniendo el complejo de alcalde de todos y para todos mientras en el fondo solo se es defensor de uno mismo, no son más que alternativas para quienes aspiran a serlo, ofertas de mercadillo de barrio donde se compra y se vende.
Los propios políticos se han cargado el sistema y han convertido este arte en lo que no es. La pérdida de credibilidad es grandísima, la sociedad no cree en ellos y se entrega al reconocimiento sin protesta alguna de lo que hay como lo conocido que debe aceptarse. Esa misma sociedad aplica el mecanismo de asumir como normal determinados roles basados en la picaresca aceptando que la prostitución de lo público no es más que un reflejo de lo que sucede en el ámbito privado. Y así la ruleta sigue, pasan los años, las elecciones, las campañas, los avisos, los anuncios, las presentaciones... y los pícaros de la plaza asoman sus rostros dibujándose como los benefactores, las buenas personas que están aquí para salvar Ceuta y para salvarle a usted. Quizás todos necesitamos un chute de amor insano para seguir aceptando la pobre realidad que nos rodea recibiendo la fuerza que nos anestesiará. Empieza el show.
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