Desde que se abriera el parque de Santa Catalina ha sido de todo menos parque tal y como se entiende esta palabra, es decir, área de zonas verdes y árboles donde también se puede disfrutar de espacios de ocio y caminos para pasear.
Desafortunadamente, las plantas que harían este cometido no han soportado los vientos que combaten el antiguo vertedero donde ahora se erige el nuevo proyecto y son muchas las quejas de los ciudadanos que lamentan no poder disfrutar de un terreno desde el que, además, se aprecian unas vistas inmejorables.
Tras varios intentos por parte de la Consejería de Medio Ambiente de sembrar distintas especies de plantas y árboles con el mismo resultado: todas han terminado secas pese a que el sistema de riego ha funcionado, según asevera el gerente de Obimasa, Juan Carlos Lara. Ahora esta entidad está barajando posibilidades para repoblar el terreno. “Somos conscientes de que el tema es complicado porque la tierra tiene mucha salinidad. Los vientos, tanto de levante como de poniente combaten de forma muy violenta y todo lo que se siembra termina secándose”, explica Lara.
También se realizó un intento de sembrar una zona de césped que, si bien parecía que iba a aguantar en este terreno tan hostil, finalmente corrió la misma suerte que el resto de sus predecesores, al haberse secado igual que las plantas y árboles plantados con anterioridad.
La opinión de dos de los biólogos de Obimasa está dividida; por un lado el que opina que es necesario realizar un estudio del terreno para conocer qué tipo de especies podrán sobrevivir, y por otro el que opta por no elaborar ningún tipo de documento al respecto. Aún así, Lara recuerda que ya se han ejecutado estudios a 20, 30 y 40 metros por todo el área para analizar el terreno. En cualquier caso, la consideración de Lara es que “la Ciudad no va a gastar más dinero en la zona plantando por plantar para que después se mueran”.
Olivos o palmeras washingtonias, conocidas por su adaptación a medios de gran hostilidad, no han soportado el terreno de Santa Catalina y han terminado sucumbiendo pese a los cuidados de los jardineros. Lara asegura que parece ser que el único ejemplar que podría aguantar en este terreno sería el limonio, planta autóctona de África o la uña de gato, aunque ésta última es invasora y su plantación está prohibida. “Lógicamente no vamos a introducir una especie que acabaría con la fauna autóctona”, asevera.
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