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Nuevas medidas de presión que no valen

El colectivo sirio ha vuelto a salir a la calle retomando las escenas registradas en octubre y noviembre del pasado año. Esta vez sin niños durmiendo a la intemperie tras aprender de los errores, tomaron la Plaza de los Reyes para protestar por la situación de bloqueo que viven en la ciudad. De nuevo el colectivo echa mano de medidas de presión que no van a llegar a solución alguna. Muy al contrario, no harán más que enturbiar sus procesos y expedientes para ser trasladados a la península. Es comprensible para unas familias que han huido de la guerra que existan nervios por su extendida presencia en el CETI. Pero deben entender que hay que seguir los trámites burocráticos y aceptar la realidad de una ciudad en la que han entrado de forma ilegal y en la que han encontrado un centro de estancia temporal en el que tienen la atención básica para todos ellos. Los nervios y los erráticos asesoramientos les han hecho tomar la calle, a pesar de que la dirección del CETI les indicó, sabedora de la tensión que existía en el colectivo, de que sus casos estaban siendo estudiados. El no querer entender que su marcha no depende de Ceuta es optar por golpearse contra un muro y no asumir la realidad.
Los sirios han preferido coger, de nuevo, la salida menos afortunada, introduciéndose en una espiral contradictoria e incongruente. Piden derechos pero a su vez merman los derechos del resto, frenan las libertades ocupando parte de una plaza pública e incumpliendo las ordenanzas existentes.
La presión no es justa ni tampoco válida. No debe ser así porque mañana podríamos toparnos con otros colectivos que hicieran uso de su fuerza dialéctica o incluso física para obtener sus peticiones de forma rápida. Las administraciones ni están para eso ni deben permitir situaciones de este tipo.
El colectivo sirio debe aprender a esperar, por mucho que sepa que en la ciudad de Melilla otros inmigrantes que llevan incluso menos tiempo que ellas y que también proceden de la tierra de la guerra han salido ya a la península. Las directrices que siga la Delegación del Gobierno de la ciudad hermana hay que enmarcarlas en una presión migratoria muy distinta a la que hay en Ceuta. No es discriminación, es una razonamiento que existe y una toma de decisiones institucionales que dan prioridad a unos sobre otros porque las circunstancias obligan. El colectivo sirio no está en disposición de volver a caer en sus errores, sencillamente porque este tipo de actitudes marcha en contra de sus intereses y ya hay dos de sus integrantes imputados y varios de ellos sancionados por la Policía Local.

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