Hoy ha sido uno de esos días que te hacen reflexionar sobre lo vulnerable que puede llegar a sentirse una escuela situada en un lugar tan particular como Benzú, junto a la frontera. Y no somos los únicos. Al otro lado de la ciudad, junto a la otra frontera, otro colegio comparte una realidad muy similar a la nuestra. Dos centros educativos, dos comunidades escolares y, sobre todo, muchos menores que cada día acuden a sus aulas en espacios especialmente sensibles por su ubicación.
Estábamos trabajando con normalidad cuando comenzaron a sonar nuestros teléfonos. Eran nuestros propios familiares quienes nos llamaban preocupados, después de conocer a través de los medios de comunicación la posibilidad de un salto en la frontera.
Y nosotros, que estábamos allí, en el colegio, con nuestros alumnos, no sabíamos nada.
Resulta difícil explicar la sensación que produce enterarte por una llamada desde fuera de que puede estar ocurriendo una situación excepcional a pocos metros del lugar en el que trabajas cada día. Pero resulta todavía más difícil cuando bajo tu responsabilidad tienes a niños y niñas de entre 3 y 12 años.
No se trata de generar alarma ni de cuestionar el trabajo de quienes velan por la seguridad de nuestra ciudad. Se trata de algo mucho más sencillo: información, coordinación y prevención.
Un colegio situado en una zona fronteriza debería contar con un protocolo claro para este tipo de situaciones. El equipo docente necesita saber qué hacer, a quién dirigirse, qué medidas adoptar y cómo actuar si las circunstancias cambian. No podemos depender de una noticia en televisión o de la llamada de nuestros familiares para conocer lo que sucede a nuestro alrededor.
Los maestros estamos preparados para enseñar, pero también asumimos cada día la enorme responsabilidad de cuidar y proteger a los menores que permanecen con nosotros. Para hacerlo necesitamos que quienes tienen competencias en materia de seguridad y educación nos hagan también partícipes de la información necesaria para protegerlos.
Hoy afortunadamente podemos hablar simplemente de preocupación e incertidumbre. Pero precisamente por eso este es el momento de preguntarnos qué ocurriría si algún día la situación fuese diferente.
No pedimos alarmismo. Pedimos un protocolo. Pedimos coordinación. Pedimos información.
Porque en Benzú hay un colegio. Porque dentro de ese colegio hay niños.
Y porque nuestros menores también importan.
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