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“Nos gustaría aprobar”

El reloj, o el móvil para la mayoría de los jóvenes, marca una hora cercana a la una del mediodía. Llevan ahí toda la mañana, y aparecen varios policías nacionales; tenían estudiada la intervención, porque en cada una de las entradas de la nave hay al menos un agente vigilante.

Aun así, alguno de los jóvenes que deberían estar en clase sí que consigue escapar.
La Policía Nacional había acudido la noche anterior al lugar, y había visto marcas evidentes de que alguien había pasado por ahí: una nave abandonada, la misma zona en la que se produjo la pelea en la que el viernes pasado intervino la Policía Local, y en la que participaron varias decenas de jóvenes. Según algunos testigos, hasta cincuenta.
El desenlace, sencillo. Identificación de los menores, preguntas de por qué no están en clase, algunos intentos de excusa. Algunos no tienen DNI, y les anuncian que deben llevarles a comisaría, lo que empieza a inquietar. De esa decena, algunos, sobre todo algunas, comienzan a ponerse nerviosas ante la perspectiva de que se puedan enterar sus padres, o que les pueda pasar algo. Son jóvenes, y a los quince años experimentan también el enamoramiento. Por eso, uno de ellos las abrazan para decirles que no pasa nada; en parte, porque tiene más experiencia (ya ha dejado los estudios) y ya ha pasado muchas veces por esa situación. Total, no lleva nada encima.
En efecto, tal y como indican los agentes, no están infringiendo más ley que la de no estar en el lugar que deben estar, lo más que les puede pasar es que tengan que comprobar su identidad por ir indocumentados. “Otra cosa sería que cometieran un delito o una falta”, indican.
Los protagonistas de esta escena son casi todos alumnos de instituto, y la mayoría de los ellos presenciaron los hechos ocurridos el día anterior. Son una decena de alumnos, todos ellos menores de edad, que estudian ESO en varios centros de la ciudad. “Venimos aquí, y pasamos el rato”, asegura uno de ellos, de los mayores, que no estudia en un instituto aunque dice ser estudiante. No les  importa responder, pero tampoco quieren decir sus nombres. Sí que, según aseguran, proceden de las barriadas del Príncipe, de la Cuesta Parisina, y del Recinto. Antes de que llegue la Policía, cuando aún no se la esperan, tienen tiempo de charlar, de juntarse, y de pasar casi toda la mañana: desde que ha comenzado el horario de clases hasta la llegada de la patrulla.
“¿Y por qué faltáis a clase?”, es la pregunta que flota en el aire, y sobre la que dudan qué responder. “Es que estudiar es duro”, dice uno de ellos. “Para qué, me harto a estudiar los días antes de los exámenes y saco un cero”, añade otra. Así que dice que ha decidido no estudiar.
Otra de ellas asegura que se siente maltratada por los profesores. “La profesora me insulta”, afirma. “Bueno, si no hago o hago mal alguna tarea, se enfadan”, rectifica. Aunque pone ejemplos muy concretos de lo que asegura que le han dicho, desde que no estudia hasta que no sirve para estudiar. “Es que vas un día y te dicen eso...”. El mismo que se quejaba de la dureza de estudiar, protesta también por los profesores. “Sólo hay una de las que tengo que es buena gente, que me trata bien”, afirma.
Así que en lugar de esforzarse en lo que para ellos es un imposible, deciden venir ahí. “Bueno, fue a partir de entrar en la ESO”, explica una. “Un colega nos comentó de este lugar”, dice  otro. Y ahí están buena parte de las mañanas en las que deberían ir a clase, “escuchando  música, reggaeton”, o también “charlando de muchas cosas, de la vida”.
“¿Pero, habéis repetido algún curso? ¿No os gustaría sacar buenas notas o, al menos, aprobar?”. No se piensan la respuesta. “Sí, claro que nos gustaría aprobar”, dicen, y vuelven a lo de antes. “Es muy duro”.
“¿Y vuestros padres no os dicen nada? ¿Cómo se lo ocultáis?”. Aquí hay de todo. “Nunca les miento”, asegura uno... lo que no quiere decir que no use medias verdades. O también: “No se enteran porque cojo directamente el autobús a la hora para ir a casa”. Claro que algunos no tuvieron más remedio que reconocer la verdad el viernes pasado.
Y... no son los únicos. Los grupos de estudiantes en edad escolar que no van a clase están por varias partes, y depende del año. “¡Son míticas las robonas en la playa!”, exclama uno de ellos. Otros no suelen andar por la zona, o van en pequeños grupos. Incluso paseando en medio de la calle; no suelen estar en esa nave, pero en esta ocasión han acudido. Y, cuando llega la policía, uno intenta calmar a una chica que se pone nerviosa: “Esto es una prueba de Dios, una advertencia para que no lo vuelvas a hacer. No lo hagas aunque yo sí lo haga”.

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