Salvamento Marítimo rescata a 9 personas en el mar. Ocupaban una toy. ¿Saben a qué embarcaciones me refiero? Sí, esas pequeñas que tienen guardadas para sacarlas en verano aprovechando las escapadas a la playa. Aguantan bien una pequeña ola. Con dos más, te tumban. Son esas pequeñas balsas que, como mucho, las terminan ocupando dos o tres personas.
¿Más? Imposible. No ya porque así te lo indique la leyenda escrita en la balsa, sino porque a ver cómo una hace malabarismos mentales para situar a 9 personas en un espacio tan reducido. Ellos lo consiguen. No porque quieran. Es que no tienen más remedio. Saben que muchos de sus amigos han muerto en el mar, pero siguen saliendo.
Saben que si se mueven mucho la toy volcará. Que si viene un golpe brusco, también. Que si osan tener miedo, podrán poner en peligro al resto. Lo saben. Pero siguen saliendo. Les dicen que si se ponen una cámara neumática podrán salvar sus vidas. A otros les venden chalecos falsos, de vistosos colores naranjas que son una basura en el mar, un plástico vendido como salvavidas.
Falso. Pero siguen saliendo. El pasado fin de semana se recuperó el cadáver de un joven subsahariano en el mar. Pertenecía al naufragio ocurrido ¡hace 29 días! en el Estrecho.
"Puede haber tanta maldad, ¿tanto corazón negro que se cree dueño de su territorio?
El mar escupió lo que había tragado. Es el drama en vivo, pero siguen saliendo. Y así día tras día. Poniendo en riesgo vidas de hombres, mujeres y bebés. Constituyendo los acertijos que deben desentrañar las fuerzas de salvamento en el mar. En un Estrecho donde las toy ni se ven, donde las balsas que usted guarda en el armario para sacarlas este verano a la playa se rompen, quedan destrozadas y roban vidas.
Como siempre intentamos hacer, escribimos las crónicas de los recién llegados, grabamos sus primeros momentos tras pisar tierra, les damos su espacio, sonríen a cámara, descansan, posan sus miradas por vez primera en algo concreto, empiezan a ser conscientes de que esa balsa para 3 ha soportado las vidas de 9... Y el primer comentario que leo en ese submundo inhumano de redes sociales es: “No nos dais pena”, escrito por la primera persona que, café caliente en su taza, vida resuelta a su alrededor, se detiene a leer la noticia de última hora.
En serio, ¿tan malas personas pueden esconderse detrás de esos perfiles falsos o no falsos? Corazones negros, mentes sucias, amor embrutecido... ¿tanto odio puede llegar a existir? A mí ellos, esas personas a salvo, no me dan pena. Me la dan quienes se creen dueños de un mundo, de una parcela social, de un territorio... “sí, vosotros me dais pena”. Lo firmo, no me escondo.
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