Editorial

No hay más camino que el entendimiento

Ceuta no está para experimentos, tampoco para convertir las relaciones entre administraciones en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo por ver quién se lleva más ganancia política.

Ceuta no está para eso. Ceuta está para avanzar con dos administraciones que no se torpedeen, que se entiendan y que asimilen que hoy por hoy el único camino es el de remar en la misma dirección.

Eso no quita que haya espacio para las críticas, más aún cuando los errores se han prodigado, cuando el desastre del Tarajal ha evidenciado una inacción del Gobierno de España y la ausencia de criterio en una sede de tanto peso como la Delegación.

El nuevo mandatario en la plaza de los Reyes, David de la Encina, ha prometido cooperación y lealtad institucional, sin intereses electorales. Ha prometido también estar con el pueblo, conocerlo, asimilar sus reproches, pero también empatizar con ellos y buscar soluciones.

Tiene por delante unas acciones ambiciosas, pero todas ellas necesarias por el bien de Ceuta. Ese debe ser su único objetivo, dar soluciones, estar con la gente, bajar a la calle y escucharlos, cooperar con la Ciudad en lo que deba al objeto de lograr que Ceuta pueda empezar a creer que la normalidad es posible.

Su breve discurso fue claro, sencillo y directo. Una buena entrada en el ruedo, un mensaje centrado en el esfuerzo y sabiendo las personas que va a tener a su lado: Antonio Coronil, cuya labor en el PSOE ha sido constante y clara, y Marta Fernández, asesora que no ha dejado un solo día de estar trabajando, fiel a una labor complicada, implicándose sin horas y sin límites.

De la Encina dejó claro quién es su equipo y con quien va a emprender un camino difícil en el que tiene que atender a una sociedad enfadada y con razón.

Tiene por delante también una renovación urgente en la propia Delegación para situar en las áreas clave a quienes mejor pueden hacer su trabajo, y apartando a quienes se han tomado la crisis como unas vacaciones y ahora aparecen para buscar su hueco. Los malos trabajadores, los aprovechados no pueden formar parte de un proyecto tan complicado como es el de recuperar todo lo perdido y conseguir respeto.

El nuevo delegado del Gobierno quiere bajar a la calle y estar donde debe estar. Es de Ceuta, esto le duele, ha movido a este lado del Estrecho a su familia. Tiene ganas de trabajar y de, al menos, intentar que esto cambie. Merece una oportunidad, aunque esto no signifique mantener pura la crítica hacia un Gobierno de la Nación que no estuvo a la altura del mayor desastre que ha vivido Ceuta.

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