La Hermandad de Antiguos Regulares ofrece, mermada por la crisis, la donación que cada año ayuda a las viudas de “los que también dieron su vida por España y que están olvidadas”
El padre de Fatima Mohamed, que acude acompañada de una de sus sobrinas al elegante salón de té del Cuartel de Regulares, perdió la vista durante una batalla en Gerona. Con 15 años, ella se casó con un hombre que le doblaba la edad que también había luchado en el frente con los populares y una cicatriz en el brazo hecha por una bala proveniente del bando republicano nunca le dejó olvidarlo. “Cada tres meses tenía que poner cal en sus alpargatas y un cartón por debajo para que pudieran aguantar un poco más... eso es lo que tenían y no los botones de oro que tanto les había prometido Franco”, dice. Y cuando él murió, murió también el dinero que entraba en casa. “Ahora tengo una paga de 340 euros y gracias a la ayuda de mis hijos salgo adelante”. Su situación responde al perfil de las decenas de mujeres que junto a ella, disfrutan de un té y de anécdotas junto a los Regulares que hoy ocupan el cuartel al que hace décadas daban vida sus maridos. Todas han acudido a la llamada de la Hermandad de Antiguos Regulares, que presidida por el coronel retirado Jesús Palop, habla muy claro sobre una situación que han denunciado “con todos los Gobiernos que ha tenido España pero ninguno ha sido capaz de establecer lo justo”, lamenta. Y no encuentra más explicación a que cuando fallece el antiguo regular se lleva consigo su paga dejando a sus viudas e hijos desamparados que aquello de que “son los moros de Franco”. Por eso, desde la hermandad y amparados en su finalidad social, van a seguir haciendo todo lo que puedan por ellas “porque al menos aquí ahora con el Imserso tienen una paga, pero en Marruecos ni eso”.
Y todas lo agradecen, aunque de los 50 euros de años anteriores, la crisis ha mermado la cantidad y la ha reducido a 30 euros. Una por una, recogen el sobre y recuerdan a sus maridos, a sus padres y que “ellos dieron su vida por España y España por ellos ni hizo nada...pero habrá que conformarse y seguir adelante”. Aún así, muchas sienten orgullo cuando son recibidas por los Regulares a los que agradecen cada gesto de cariño. Todos saben que es injusta la situación. Ellos y ellas, que sobreviven con la pega de la pensión no contributiva en su mayoría de entre 300 y 400 euros y con la ayuda de sus hijos. Aunque algunas siguen teniendo hijos a su cargo, o incluso nietos. Fatima dice que ahora está tranquila. Ha criado a cuatro hijos y disfruta de 16 nietos y recordando los buenos tiempos. Hace 22 años se quedó viuda. “Murió él y murió todo. Ni una peseta y a seguir luchando”.
“Son los únicos que se acuerdan de nosotras”
Cada año son menos. Éste se ha echado en falta a alguna de las viudas. Han fallecido dos. “Aún así tenemos a 140 mujeres que gracias al fondo que recibimos para acción social y al pago de los socios podemos darles este dinero, que es verdad que es menos pero es lo que podemos hacer”. Una por una las mujeres son recibidas por el presidente de la Hermandad, Jesús Palop, y sus compañeros que se interesan por su estado de salud y por cómo marchan las cosas. Algunas no han podido ir y envían a sus hijos de recaderos. “Son los únicos que se acuerdan de nosotras y si faltan, ya nadie hará nada”, dicen agradeciendo la labor de la Hermandad. Lamentan que el Estado siga sin hacer nada por ellas y que nunca la haya importado que los Regulares sirvieran a España y dieran su vida por ella. Muchas recuerdan cuando tenían que esperar a las 4 de la mañana a las puertas del Ayuntamiento para ser atendidas por el médico de la beneficencia. “Se iban ellos y se iba todo y solo nos quedaba el desamparo”.
El padre de Haduch murió en Aragón en el campo de batalla. Dejó en Ceuta a su mujer con dos niñas y un niño que habían encargado en unos días que tuvo de permiso. Cuando nació le pusieron su nombre. Ella, como su madre, se enamoró de un Regular. A su padre le llamaban el Capitán Ramadán. A su marido, el soldado Mohamed. Estaba mutilado y una parte de su mandíbula y una mano reflejaban su participación en la Guerra Civil. Cuando se casó y comenzaron a tener hijos, él se buscaba la vida trayendo mercancías de Marruecos. “Estuvimos juntos del 49 al 87”, explica mientras echa la mano a la parte interior de la chilaba y coge un carnet en el que aparece su fotografía. “Tuvimos 14”, dice orgullosa y recordando que ella se dedicaba a criarlos y que a él le gustaba que estuviera en casa. En la fotografía, aparece con el carnet de su marido. Como ella, en el salón del té del Acuartelamiento de González Tablas, ayer se encontraban decenas de mujeres hablando y recordando a sus esposos y padres. El pasado 28 de mayo falleció Fatima Ahmed, que sólo había faltado a esa cita desde que se casó con su marido en 2011. Sobrevivían con una pensión de 1.500 pesetas pero cuando murió él, no entraba nada en la casa por lo que su madre siguió adelante limpiando casas para criar a sus hijos. Una de ellas, acude a la cita y la recuerda. Sola, con siete hijos y trabajando por ellos y convirtiendo una casa de chapas en un hogar más digno. “Al menos, que nos vendan el suelo”, lamenta.
Me dirijo a ustedes para trasladar, con carácter de máxima urgencia, la preocupación y el…
Cientos de menores marroquíes han colapsado el entorno de la Jefatura Superior de Policía, en…
Ceuta tiene una cita con el cielo este miércoles. El 12 de agosto, cuando la…
Ceuta gritó a una sola voz y sus demandas fueron escuchadas en toda España. La…
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, y su homóloga danesa, Mette Frederiksen, han unido…
El Ministerio de Defensa ha cancelado todos los permisos de libranza del personal militar desplegado…